- Esta semana Vista recibió otro palo, luego de que una asociación de consumidores holandesa recomendara no comprar PC con este sistema operativo. La recomendación se debió a que quienes compraron equipos con
- Luego de varios meses de conocido el estado de situación, finalmente el gobierno designó a dos veedores (uno por la CNC y otro por Defensa de la Competencia) en Telecom para que investiguen si el ingreso de Telefónica en Telecom Italia repercutiría localmente en la conformación de un monopolio. Ya surgieron algunas voces especializadas en términos de competencia que sostienen que este procedimiento no es el correcto en estos casos. Igualmente, da la impresión de que en éste, como en otros casos, no pasará gran cosa. Al menos, no por el momento.
En la semana de Expocomm fue inevitable que en las distintas charlas se mencionara particularmente a los dos negocios estelares de las telecomunicaciones de los últimos tiempos: celulares y banda ancha. Particularmente en este último, las proyecciones de crecimiento para el año próximo realizadas por los operadores están en línea con el avance reciente, sin signos de desaceleración. No obstante, teniendo en cuenta la configuración actual del modelo de banda ancha, surgen algunos interrogantes que vale la pena analizar.
Para fines de este año se espera que la cantidad de conexiones de banda ancha alcancen los 2,5 millones, y en función de las proyecciones de los operadores para el 2008, la estimación para diciembre de ese año sería de unos 3,2 millones de conexiones. Considerando que un 10% de esas conexiones estén en el segmento de las organizaciones, tendríamos unos 2,9 millones de hogares conectados a banda ancha en poco más de un año.
Por otra parte, a fines de este año habrá unos 4 millones de hogares (40% del total) con al menos una PC, cifra que podría elevarse a los 4,5 millones a fines de 2008. Esto marcaría una cierta capacidad para absorber el crecimiento de las conexiones de banda ancha previsto para el año próximo. Pero (siempre hay un pero), existen aproximadamente 1 millón de hogares que tienen PC pero no se conectan a Internet. Aquí influyen diversos factores, como máquinas demasiado viejas o equipos aptos que dejaron de funcionar adecuadamente ante el impacto de virus, spywares y otros males, cuya solución a veces escapa al usuario básico sin conocimientos.
Visto así, para el 2009 estaríamos llegando a un techo de crecimiento. Pero este techo solo existirá si se sigue en el camino de una banda ancha que gira en torno a la PC. Otra alternativa es apuntar al electrónico presente en el 95% de los hogares argentinos: la TV. Surge entonces inevitablemente el tema del Triple Play, pero no ya como la posibilidad de dar servicios de televisión sobre la red de las telefónicas, sino como una forma de, además, permitir el acceso a Internet desde la TV.
Más allá de la adaptación regulatoria que esto requiere, también implica un cambio conceptual en el modelo de acceso a Internet: pasar de un terminal potente pero complejo (la PC) a uno más limitado pero simple (la TV). La idea es que el STB (set top box, conocido en estas tierras hasta el momento como decodificador digital) actúe de computadora/terminal y la TV simplemente de monitor. La ventaja de este modelo es que permite llegar a un público más amplio, que, parafraseando al ex presidente, no quiere, no puede o no sabe interactuar con las complejidades de una PC (actualizaciones de sistema operativo, manejo de firewall, antivirus y antispyware, etc.).
En este modelo, toda la complejidad queda del lado de la red, tal como hoy sucede con la red telefónica o la red de TV por cable o satelital. ¿Acaso alguno de nosotros tuvo que "actualizar" algo en su teléfono o TV para acceder a los nuevos servicios que se vienen dando en los últimos 15 años? Si este modelo funcionó tan bien para la telefonía y la TV, también debería hacerlo para Internet. Y más aún en un momento donde, además de los contenidos, cada vez más las aplicaciones residen en la red, tal como sucede con los webmail o, en una etapa inicial, con aplicaciones de oficina.
Estamos entonces frente a un momento clave en la convergencia, donde la misma se da tanto en los dispositivos como en las redes. De esta forma, el Triple Play ya no es sólo un modelo tecnológico que permite a las empresas de telecomunicaciones ingresar al negocio del entretenimiento. Es también un modelo que puede tener un profundo impacto en el desarrollo digital de la población. Es difícil oponerse a esto.
En definitiva, no tiene sentido hablar de Triple Play, ya que esto implicaría acotar las posibilidades a tres servicios (telefonía, TV e Internet). Pero la convergencia de redes y dispositivos hará que esta división, que responde a modelos de redes que tienden a desaparecer, carezca de sentido.
Cuando se habla de Triple Play, se está pensando en el modelo de redes tradicional pero obsoleto. Aquél que tenía una red para cada servicio: una red para telefonía, una red para TV, una red para datos. Pero nadie que hoy estuviera desplegando una red desde cero (y estuviera en su sano juicio) diría que está construyendo una red de telefonía o una red de cable. Más bien estaría armando una red de comunicaciones, una red IP o una red de banda ancha. Y claramente sería una red multiservicios.
Estas fronteras que desaparecen entre las distintas redes se ven también en los servicios. Si uno habla por Skype, ¿es telefonía o es datos? Igual pregunta si lo que se hace es una videoconferencia. Si uno mira un video en YouTube, ¿es Internet o es TV? Y si mira televisión en vivo en Terra TV, nuevamente, ¿es Internet o es TV? Y si el identificador de llamada (el famoso caller ID) aparece en la pantalla de la TV, ¿es telefonía o es TV?
La dificultad para responder a estas y otras preguntas no hace más que evidenciar que las diferencias entre operadores de TV paga y empresas de telecomunicaciones (algunas dando telefonía y otras sólo datos) sólo representan un modelo propio del pasado y con olor a rancio. Aunque suene trillado, el futuro es hoy. Por más que algunos insistan en negarlo.
Como todos los años, esta semana se realizó una nueva edición de Expocomm, la exposición y congreso que convoca al mundillo de las telecomunicaciones y negocios vinculados. No haremos mención a la exposición en sí, ya que naturalmente estas suelen aburrirnos, y más en Argentina, donde evidentemente no hay tanto know how sobre como demostrar y vender (cosa comprobable por cualquier que haya asistido a muestras de este estilo en economías más desarrolladas). Así, el recorrido suele tener su punto más llamativo en las voluptuosas promotoras, si bien nos queda la duda de cuán útiles son para atraer prospects y no hombres en plena ebullición de testosterona.
Por el lado del congreso, se dieron charlas muy interesantes en cuanto a temática si bien, como suele suceder, a veces el nivel de los oradores es dispar, no por lo que dicen (que también los hay) sino en cómo lo dicen. Pero ciertamente hubo mucho destacable.
Quedó la sensación de que las empresas de telecomunicaciones no utilizaron demasiado la ocasión para reforzar su posición en cuanto a las demandas, especialmente la habilitación para dar servicios de "radiodifusión" (palabra antigua si las hay para lo que busca definir). Esto contrastó notablemente con el alto perfil de los reclamos realizados apenas unas semanas atrás por los operadores de TV por cable en las jornadas de ATVC.
Quizás esto demuestre quién está tranquilo y quien está inquieto en relación al futuro próximo...
En los últimos meses, quizás como no había sucedido anteriormente, los debates y argumentaciones en cuanto a la formación de monopolios como consecuencia de adquisiciones parciales y totales están a la orden del día. Y cobró más fuerza como resultado de la guerra dialéctica entre cableras y telefónicas por las intenciones de estas últimas de dar servicios Triple Play.
El primer caso importante fue la fusión de Cablevisión y Multicanal. El mismo evidencia que para despertar inquietudes no hace falta tener el 90% del mercado (de hecho, entre ambos operadores no llegan al 50%). Lo que sucede es que el mercado de la TV por cable tiene la particularidad de estar muy atomizado en términos de actores (gracias a los cientos de pequeños operadores que dan servicio en localidades pequeñas). No obstante, un importante número de éstos, sin importar su tamaño, operan en condiciones cuasi monopólicas, teniendo a la TV satelital apenas como un sustituto parcial. En el caso particular de Cablevisión y Multicanal, desde la perspectiva del cliente esto no implica un cambio significativo, ya que de hecho la superposición de sus redes es menor. Así, la mayoría de sus clientes tienen hoy las mismas opciones en servicios de TV paga que tenían antes de la fusión. En consecuencia, que ambos funcionen como uno o por separado, no cambia nada para la mayoría. Distinto es el impacto en el caso de los proveedores de señales, quienes con esta unión ven crecer sustancialmente el poder de negociación de un gigante de la TV por cable. Así se entiende porqué los proveedores de señales ven con muy buenos ojos que las telefónicas ingresen al mercado de la TV paga. Se sumaría un nuevo canal de distribución al tiempo que un elemento de presión en sus negociaciones con el mega cable.
El segundo caso relevante es el ingreso de Telefónica al grupo de accionistas de Telecom, resultado de una operación llevada a cabo a nivel internacional con lógicas repercusiones en el mercado local. Olvidemos por un instante lo que dicen las condiciones de privatización de ENTel, ya llegaremos a este punto. También si la participación de Telefónica en Telecom Italia alcanza para regir sus decisiones. Es más, supongamos que Telefónica lograra el control total y absoluto de Telecom, para imaginar una situación similar a la que ocurre en el caso de Cablevisión y Multicanal. ¿Qué cambiaría desde la perspectiva de los usuarios? Realmente muy poco, ya que ambas empresas operan también en condiciones cuasi monopólicas (con el sustituto imperfecto de la telefonía IP o de los celulares). Hoy prácticamente nadie (salvo en lo más alto del segmento corporativo) tiene la opción de contratar a Telecom si está disconforme con Telefónica o viceversa. Por lo tanto, nada cambia para el usuario si ambas empresas operan como una sola o por separado. Sí hay diferencia en algún subsegmento del segmento corporativo y más aún en el caso de otros operadores que necesitan interconexión y compran conectividad a Internet o salida internacional, por ejemplo.
Queda claro así que la existencia de múltiples empresas operando cada una en condiciones monopólicas en su área de influencia, no es muy distinto (desde la perspectiva del usuario) de éstas fusionadas pero sin cambiar los términos de relación monopólica con sus clientes. Con esto lo que se busca demostrar es que no tendremos un mercado con más competencia por el solo hecho de que hayan más empresas operando como consecuencia de impedir fusiones. Para que haya más competencia lo que hace falta es una adecuada regulación de la apertura del mercado, materia en la que nada se avanzó en los últimos 6 años.
A modo de ejemplo, tomemos el caso de Francia, que como tantos países europeos tuvo durante décadas un operador telefónico monopólico y estatal hasta su privatización en la década de los 90 (similar a lo que ocurrió en Argentina con ENTel). Hoy, si bien France Télécom (FT) sigue siendo el incumbente, la regulación de las telecomunicaciones de aquel país dio lugar a la existencia de nuevos operadores, los cuales están ofreciendo hoy servicios de triple play sobre la red de FT gracias a la desagregación del bucle (entre otras medidas). Así, Francia es hoy uno de los casos más exitosos de oferta de triple play sobre redes telefónicas: los usuarios tiene múltiples opciones y los precios bajaron considerablemente, a tal punto que un paquete triple cuesta alrededor de 135 pesos argentinos (con telefonía fija ilimitada a varios países con portabilidad numérica, TV con 100 canales, algunos alta definición, 22 Mb de acceso a Internet, etc.).
En otras palabras, en el caso particular de las telecomunicaciones fijas, lo que se necesita es una regulación que fomente la existencia de competencia en un negocio que naturalmente tiende a la concentración. Y la forma más efectiva de hacerlo no es impidiendo las fusiones. Esto se debe a que el alcance del servicio prestado por cada empresa está limitado a la cobertura de su red (cosa que no ocurre con otras actividades donde los frenos a las fusiones sí son un arma efectiva para garantizar la competencia). Así, es más efectivo que el Estado regule la apertura, evitando la tentación del abuso del poder dominante. Y que, por supuesto, también se ocupe de que esta regulación se cumpla. Si no, no será más que un papel escrito que puede catalogarse como ciencia ficción (como tantos otros que andan dando vuelta).
Una mención final para aquellos que esgrimen el argumento de la ilegalidad, basándose en determinadas normas existentes que favorecen su postura. Hay que tener presente que las condiciones de entorno van cambiando, lo que a veces genera que las leyes terminen teniendo un efecto contrario al buscado. Así, lo importante no es respetar la letra de la ley sino su espíritu. Y que si una ley fue dictada en su momento para garantizar la competencia, es esto lo que hay que buscar y mantener. Si, por cambios en las condiciones de entorno o simplemente por ineficacia, hace falta cambiar la letra de la ley no es grave, si lo que se mantiene vivo es el espíritu de la misma. Para eso están los legisladores. Se supone.
Esa es la idea que queda luego de escuchar las diversas declaraciones de los involucrados con la industria de la TV por cable, situación en la que también pueden incluirse a ciertos funcionarios públicos. Todo dentro del marco de las Jornadas 2007 de ATVC que en líneas generales no aportaron nada nuevo dentro del ya reiterado reclamo en contra del ingreso de las empresas de telecomunicaciones al negocio de la TV.
Por el lado de los representantes empresarios, no hubo grandes novedades en sus declaraciones, encuadrándose éstas dentro de lo esperado por el marco y por el momento. Más interesante fue escuchar y analizar las palabras de los funcionarios involucrados en la temática ya que lo hicieron en un marco donde nadie iba a cuestionarlos en la medida en que dijeran lo que de ellos se esperaba.
Resultó paradójico que el diputado nacional presidente de la Comisión de Comunicaciones e Informática, mencionara entre las asignaturas pendientes a "la desagregación del bucle local, la portabilidad numérica". Se trata de elementos clave en una política de apertura a la competencia, y sin embargo, nada se hizo en sus cuatro años de mandato, ni siquiera un proyecto de declaración. Habrá que reelegirlo para darle tiempo. Cuatro años pasan volando.
Por otra parte, el Interventor del COMFER (de hecho, que todavía esté intervenido ya es toda una irregularidad) declaró que "la ley aclara que quienes dan servicios públicos no pueden dar televisión por cable, así se previó para impedir la concentración excesiva". No aclaró si por concentración excesiva considera también la ausencia de competencia en un área determinada generando condiciones monopólicas. En este aspecto, la situación de telefónicas y cableras se asemeja. Salvo en ambientes corporativos y en determinadas zonas de las principales áreas urbanas del país, no se puede elegir una empresa de telefonía distinta a la única disponible (sea Telefónica, Telecom o la cooperativa de la zona). Esta situación es similar en el caso de la TV por cable (sin importar el tamaño del operador). Se podrá argumentar que en ambos casos existe una alternativa inalámbrica (celulares para telefonía y DTH para el cable), pero si bien en ocasiones son sustitutos, se tratan de ofertas distintas, especialmente desde el punto de vista de los costos. Así, la mejor forma de evitar la concentración excesiva es permitiendo que las distintas redes que pasan por nuestros hogares (sean de TV, telefonía y, porqué no, de electricidad) puedan ofrecer cualquier servicio para las cuales estén técnicamente capacitadas. De esta forma el ciudadano/consumidor tendría más opciones y a menor precio. En el caso particular de las telefónicas herederas de ENTel, e independientemente de que se considere legal o no la participación de Telefónica en Telecom, lo que debe buscarse es la apertura de sus redes a los competidores, como sucede en Francia por ejemplo, donde existen diversos proveedores de servicios triple play sobre la red de Fance Télécom. No es limitando la competencia que se defienden los intereses del consumidor, como nos quieren hacer creer.
Para redondear un paquete de contrasentidos, durante las jornadas no faltaron los anuncios de los próximos servicios de telefonía a ser ofrecidos de los operadores de TV por cable (tal como lo hicieron Cablevisión y Telecentro). Así, es difícil sostener que los operadores de TV por cable están habilitados a dar servicios de telecomunicaciones, mientras que las empresas de telecomunicaciones (sean las herederas de ENTel como las que ingresaron en un marco de competencia) no pueden dar servicios de TV. ¿Será porque intuyen/saben que luego de las elecciones se avecinan cambios en la regulación y entonces es preferible endurecer lo más posible la posición actual para tener más margen de negociación? Falta cada vez menos para comprobar esta hipótesis.
Fue la que tuvo Microsoft, luego de que la Unión Europea decidiera multar con casi € 500 millones por abuso de posición dominante (léase prácticas monopólicas). La decisión se basó en el rechazo a proveer información a sus competidores para asegurar la interoperabilidad de sus productos así como por mantener la práctica de avanzar sobre nuevos mercados al agregar productos a su omnipresente sistema operativo Windows. Evidentemente se trata de una suma de dinero importante, si bien en el caso específico de Microsoft el impacto es más en su imagen y en su orgullo que en su billetera.
Analizando las posibles consecuencias de esta medida, la realidad indica que difícilmente una decisión judicial pueda desmantelar el imperio que Microsoft construyó alrededor de Windows y apuntaló con su paquete Office. Y quizás la única forma en que esta situación cambie efectivamente esté más vinculada a un cambio de paradigma tecnológico, como el que podría marcar el avance de las aplicaciones online (caso Google Apps) que reducirían notablemente la importancia del sistema operativo.
En este sentido, habrá que prestar atención al anuncio realizado también esta semana por IBM. La empresa lanzará su paquete de oficina Lotus Symphony, el cual podrá ser descargado gratuitamente desde su sitio web y que es una versión del software de fuente abierta desarrollado por OpenOffice.org. Así, IBM, con la fe del converso, reafirma su apego a los estándares abiertos y el open source. Un dato adicional interesante es que IBM también está uniendo fuerzas con Google, ya que sus aplicaciones online de procesador de texto y planilla de cálculo utilizan documentos con el mismo formato OpenDocument, que también es abierto. Cabe señalar que este formato fue aprobado por la Organización Internacional para la Estandarización (ISO), cosa que no pudo lograr aún Microsoft con su formato Office Open XML.
Como con su apoyo a Linux, el ingreso de IBM a este territorio puede generar que el ambiente corporativo le preste más atención a las aplicaciones de oficina de fuente abierta, afectando entonces las ventas del hiperpopular Office de Microsoft. Pero igualmente habrá que tener presente que, aún en el caso de darse, este proceso llevará varios años. Tiempo suficiente como para que Microsoft se adapte al nuevo entorno. Cosa que, aunque con dificultades, ya está haciendo.
La disputa entre telefónicas y cableras por las intenciones de las primeras de incursionar en el negocio de la distribución de contenidos televisivos tuvo ayer un nuevo round. Se trató del fallo de la justifica federal donde se pronuncia en contra de la posibilidad de que las empresas telefónicas puedan brindar servicios de radiodifusión al hacer lugar a un recurso de amparo presentado por la ATVC (Asociación Argentina de Televisión por Cable). En el fallo, la justicia sostiene que "las empresas telefónicas carecen de legitimidad para incursionar en el mercado de los servicios de radiodifusión", según lo establecido por la normativa vigentes.
A partir de aquí, surgen algunas reflexiones.
La primera es que suena un poco ridículo que un juez deba decir que algo está prohibido cuando la ley ya lo hace. Si así no fuera, sin dudas que algunas telefónicas ya estarían dando el servicio. Parece un uso innecesario de los recursos de la justicia (que tiene bastantes cosas pendientes por resolver, dicho sea de paso).
La segunda es que es claramente injusto que las empresas entrantes de telecomunicaciones (Ertach, Iplan, Global Crossing, Telmex y tantas otras) también se vean impedidas de incursionar en este negocio, siendo que no son las herederas de Entel y que, además, ingresaron al mercado argentino y se desarrollaron en un marco de competencia. La prohibición que cae sobre ellas no tiene fundamento racional.
La tercera es que si las telefónicas (o más específicamente, Telecom y Telefónica) no pueden dar servicios de radiodifusión por ser empresas de servicios públicos, entonces tampoco debería habérsele permitido hacerlo a las cooperativas, quienes sin embargo sí fueron autorizadas tiempo atrás.
Están dadas las condiciones para que esta "amenaza" se convierta en una oportunidad. Autorizar a las telefónicas a dar servicios de radiodifusión es una excelente ocasión para terminar de profundizar la apertura del mercado de telecomunicaciones, apertura prevista en el 2000 y que quedó trunca. Se trata no sólo de permitirles a las telefónicas dar servicios de TV, sino obligarlas también a abrir sus redes (desagregación del bucle), establecer condiciones de interconexión, implementar la portabilidad numérica, etc. De hecho, mercados como el europeo están dando la pauta de los beneficios de un mercado en competencia, donde la TV, como tantos otros contenidos, está viajando por las redes de las telefónicas. Es una oportunidad única que sería bueno aprovechar.
Hay ciertas situaciones que indican que sería más conveniente que a algunos funcionarios públicos se les pagara por quedarse en su casa y no trabajar, porque es más el daño que generan ejerciendo su rol que no haciéndolo.
Esto viene a cuenta por el reclamo que está llevando adelante CABASE por la irracionalidad de los tributos que cobra (o mejor dicho, pretende cobrar, porque la medida está apelada en la justicia) el gobierno de la ciudad de Buenos Aires por la instalación de antenas para el acceso inalámbrico a Internet. Dicho tributo es de $ 13.000 (más de US$ 4.000) por antena al momento de la instalación más un canon trimestral $ 5.149 trimestrales (más de US$ 1.600). Lo absurdo y ridículo de estos montos es que no se aplican sólo a las antenas de los nodos de los proveedores, sino también a aquellas situadas en las instalaciones de cada cliente. En otras palabras, el costo tributario por cliente es anualmente de $ 20.596 (US$ 6.400), a lo que hay que sumarle el costo del servicio en sí mismo. Con estos valores, está claro que equivale a prohibir el acceso a Internet inalámbrico.
Más paradójica y absurda es la situación si además después hay que escuchar proyectos que hablan de la ciudad digital, cubierta por un manto de antenas dando acceso a Internet a la población de la ciudad.
En fin, todo esto es tan ridículo que no merece más argumentaciones sino un pedido a las autoridades responsables del tema para que, de una vez, corrijan este absurdo.
Pensándolo bien, en situaciones como ésta se llega a la conclusión de que los ñoquis no son tan malos....
A esto se parece la agenda digital de los principales candidatos a Presidente de la Nación para las elecciones de octubre próximo, luego de escuchar sus propuestas en el ámbito del Congreso Usuaria 2007 que tuvo lugar esta semana. No obstante, un análisis de lo presentado por los distintos candidatos, en orden de probabilidades decrecientes de acceder al poder según las encuestas publicadas, permite al menos pispear qué es lo que pasa por la cabeza de cada uno de éstos en la materia.
Una imagen vale más que mil palabras, reza el dicho. Entonces, la ausencia del caballo del comisario, Cristina Kirchner, es más que preocupante. No sólo no fue, sino que ni siquiera envió un representante que pudiera plantear sus intenciones ante el auditorio. Un indicador por demás elocuente de la importancia asignada al tema. A buen entendedor, pocas palabras. O mejor dicho, sin palabras.
El caso del ex ministro Lavagna fue por demás incomprensible. Si bien durante su gestión no se puede decir que hubo un plan, sí vieron la luz algunas medidas, como el incentivo a la industria del software o los planes Mi PC, en las cuales podría haberse basado para decir, "estoy en el tema, apóyenme". Pero no. En su lugar envió a su adlátere, quien siguiendo con la línea del ex ministro, presentó una visión parcial, enfocada a la industria tecnológica. Habló de cluster, impuestos cero y promover la industria del software. Pero no profundizó en el rol del Estado como usuario o en la inclusión digital o, por qué no, en la regulación de las telecomunicaciones. O sea, a su plan le faltan varias patas.
La exposición de Carrió dejó entender que es un tema que no tiene para nada analizado con seriedad. Será por esto quizás que prefirió perderse en los laberintos de un discurso muy intelectualizado, más propio de un claustro. Frases como "la revolución digital de estos días está cambiando la subjetividad del mundo moderno" o "la educación debe tener en cuenta el hipertexto. Y fomentar nuevas formas que promuevan el uso de contenidos como la imagen para, desde ahí, incentivar la lectura del libro tradicional y, desde ese punto, volver a la producción de un hipertexto. Es en esa conjunción donde el individuo encuentra su libertad" no forman parte de una agenda digital, por lo que no permiten saber qué haría en caso de llegar al poder. Por favor, la próxima vez que prepare su "clase".
Finalmente, el caso de López Murphy, cuya presencia se vio eclipsada ante los rumores de que se bajaría de su candidatura en función de una alianza con Carrió (que quizás nunca se oficialice). Igualmente, lo suyo fue demasiado de manual: "Estado como promotor y usuario de tecnología", "aumentar la transparencia de los actos de gobierno", "crear una unidad operativa capaz de implementar la agenda digital", referencias a Chile. Fiel a su estilo, correcto, pero sin despertar pasiones. Como para sortear el tema y nada más.
En resumen, quienes asistieron, directa o indirectamente, dejaron la sensación de haber participado más por un compromiso de campaña que por tener un plan maestro elaborado y querer presentarlo en sociedad ante un ámbito indicado. Lamentablemente, esta participación da la pauta de la relevancia del tema entre los principales candidatos, evidenciando que el reloj de los políticos sigue atrasando. Parece que habrá que esperar a una renovación generacional para que el tema cobre la importancia estratégica que se merece. Por ahora, lo único digital en la política argentina es la forma de designar candidatos. Todos a dedo.
Muy interesante resultó ser un artículo publicado esta semana en el diario La Nación que da cuenta de un ¿interna? ¿negociación? que se está dando entre los dos principales socios de Telecom Argentina: Telecom Italia y el Grupo Werthein.
Resumiendo, y para quienes no quieren/pueden leer la nota completa, todo comenzó con una carta enviada a la Bolsa por parte del Grupo W en la que advierten sobre una posible modificación en la estructura de control de Telecom Argentina luego del ingreso de Telefónica de España en Telecom Italia.
Esta movida de los W en contra de sus socios puede ser vista como una interna para no alterar el equilibrio de poder entre ambos accionistas mayoritarios. No obstante, no debe perderse de vista que el años próximo los italianos podrán ejercer el derecho de compra de la parte de los W, poder que emana de las condiciones establecidas al momento de la compra de la participación de France Télécom por parte del grupo argentino en el 2003.
Según las cifras que publica el artículo, entre lo que en su momento pagó el grupo W (US$ 165 millones) y lo que hoy vale esta participación (totalizando unos US$ 434 millones), la inversión de los argentinos tuvo una rentabilidad anual en dólares de algo más del 27%. Una muestra más de que en las situaciones de crisis es cuando mayores ganancias se pueden hacer. El famoso río revuelto.
Si bien en los papeles la competencia en la industria de las telecomunicaciones es total desde el año 2000, la presencia de los operadores que se sumaron con la apertura es dispar, con importantes variaciones según de qué servicio se trate. Esto surge del informe "Telecomunicaciones fijas en PyMEs: local, larga distancia, datos e Internet" recientemente finalizado por Carrier y Asociados.
La relación entre incumbentes (Telecom, Telefónica y cooperativas) y entrantes (Telmex, Impsat/Global Crossing, Iplan y muchas otras) varía según el servicio. La mayor concentración a favor de los incumbentes se da en los servicios de telefonía fija, donde llegan al 92%. En el otro extremo, la mayor dispersión se encuentra en los servicios de acceso a Internet, donde el 54% de las empresas relevadas tienen por proveedor a un entrante, seguido por los de transmisión de datos, donde llegan al 51%.
Como viene ocurriendo desde la apertura del mercado de telefonía fija, las entrantes obtienen una mayor participación en la medida en que crece la cantidad de líneas utilizadas por una empresa. En otras palabras, la competencia tiende a concentrarse en la crema del mercado. Así, si bien los entrantes están presentes en el 8% de las empresas, su participación medida en cantidad de líneas telefónicas asciende al 13%.
La saga de comentarios realizados la semana pasada en relación al enfrentamiento entre cableras y telcos por la provisión de servicios de televisión tuvo como consecuencia diversos mensajes a favor y en contra.
Sin embargo, esta discusión tiene un horizonte de vigencia visible, ya que, con el desarrollo de la tecnología y la tendencia a que las redes sean IP, no habrá distinción de contenidos entre lo que viaje por una u otra red. En definitiva entonces, a mediano plazo la única diferencia entre una telco y una cablera estará dada por la oficina por la que inició el trámite para operar: si fue el COMFER o la Secretaría de Comunicaciones.
Es tan claro el panorama de evolución tecnológica que cuesta aún entender cómo es posible que no se haya avanzado un ápice en la redacción de una nueva ley de telecomunicaciones que, a decir verdad, debería contemplar también aspectos de la ley de radiodifusión. En realidad, debería ser una ley de Convergencia. Más allá de los lógicos intereses de los distintos afectados por esta convergencia, lo cierto es que oponerse a esta nueva realidad es como oponerse a que el sol salga por el Este y se ponga por el Oeste. Por ello, mejor que negar la realidad es preparar un marco regulatorio que la contemple, anticipándose a situaciones que serán cada vez más conflictivas.
Una nueva ley, moderna y lo suficientemente amplia como para contemplar las evoluciones futuras sería beneficiosa no sólo para las empresas involucradas sino también para los ciudadanos. Por lo escaso de su accionar, parece que desde el poder político aún no se tomó conciencia de que las redes de telecomunicaciones son la infraestructura fundamental para una sociedad de la información y el conocimiento, los principales activos de una sociedad del siglo XXI. Vale la pena recordar que el siglo XXI no es el futuro. El siglo XXI es hoy (desde hace 7 años, para ser más precisos).
Esta es la sensación que dejó el II Encuentro Internacional de Banda Ancha y Cable Módem (que de Internacional mostró poco) que tuvo lugar la semana pasada en Mar del Plata. El evento reunió a operadores de TV por cable, particularmente de la provincia de Buenos Aires, si bien los temas tratados tienen un claro alcance nacional.
No hubieron sorpresas ya que los ataques a las telefónicas por su intención de ingresar al negocio de la TV volvieron a estar a la orden del día (tal como suele suceder en los distintos ámbitos donde se juntan las empresas de TV por cable), así como el hincapié en que los cables son empresas nacionales (algo discutible en algunos casos) y PyMEs (claramente no en todos los casos). Por la hegemonía del pensamiento, se trató más bien de un ámbito de reclamo hacia fuera (medios, gobierno, rivales) que de un lugar donde pudieran presentarse distintas visiones sobre un mismo tema generando un debate constructivo. Pero esto es legítimo, ya que nunca el Encuentro fue planteado en éstos últimos términos.
Así, el mensaje estuvo basado en términos de Cableros vs. Telcos. Pero las cosas en la vida nunca son tan simples. Es evidente que tanto el mundo de la TV por cable como el de las empresas de telecomunicaciones no son ámbitos homogéneos. En ambos casos hay grandes jugadores así como jugadores de menor peso en tablero general. Así, el escenario actual y futuro no contempla a dos actores, cableros y telcos, sino a cinco: cableros PyMEs, cableros grandes, telefónicas incumbentes, telefónicas entrantes y Estado (que juega un rol fundamental, o al menos así debería ser). Cada uno con necesidades y objetivos diferentes.
Este enfrentamiento entre cableros y telcos está fuertemente ligado al combate de fondo, que es el que se da entre el Grupo Clarín y las telefónicas incumbentes, donde Telefónica tiene claramente un perfil más alto que Telecom.
No hay en esta pelea ningún nene de pecho. El Grupo Clarín (dueño del 60% de la fusionada Cablevisión-Multicanal) ostenta el 47% del mercado de TV por cable. Y tanto Telefónica como Telecom manejan porcentajes importantes en el negocio de las telecomunicaciones (que varían dependiendo del servicio que se considere). El enfrentamiento fuerte comenzó a partir del momento en que la tecnología permitió que desde ambos lados se pudiera incursionar en terreno tradicionalmente ajeno. El cable ingresando al mundo de las telecomunicaciones a través de la tecnología de cablemódem (donde el Grupo Clarín tiene aproximadamente el 20% del mercado según datos publicados por su diario). Y las telefónicas con la capacidad técnica de ingresar al negocio de la TV paga, pero aún sin hacerlo.
En realidad, el temor de los cableros, y más particularmente de Cablevisión-Multicanal, suena desmedido, pero como estrategia le permite ir ganando valioso tiempo. Como lo indican las cifras de ATVC, el cable es un negocio maduro, con presencia en el 53% de los hogares argentinos. Así, una oferta de TV de las telefónicas debería apuntar a robarle clientes. Y se sabe que la competencia es más dura cuando se trata de comer de la misma torta que cuando se trata de agrandarla.
Por otra parte, la digitalización le da múltiples ventajas al cable. Por un lado, minimiza la diferenciación que una oferta de IPTV podría aportar, ya que los servicios pasan a ser muy similares. Pero con una ventaja adicional para el cable, ya que la digitalización de este servicio no impide que siga funcionando también bajo el modelo analógico. Esto se traduce en que un hogar abonado al servicio digital de TV por cable sigue teniendo acceso al servicio tradicional analógico, con lo que se pueden tener múltiples bocas sin necesidad de contar un set top box digital en cada televisor. Esto sí pasará con la IPTV, así como sucede hoy con la televisión satelital. O sea, en un hogar con dos o más televisores, la opción del cable con su mix analógico digital es más atractiva.
Adicionalmente, se espera que a partir de este semestre la digitalización tenga un fuerte crecimiento de la mano del fútbol, el contenido premium más demandado. Es que la decisión de televisar todos los partidos del campeonato local traerá aparejado, en una primera instancia, que tanto aquellos de Boca como de River (los dos clubes por lejos más populares de Argentina) sean transmitidos únicamente por el sistema premium. O sea, habrá que estar suscripto al servicio digital y, adicionalmente, adquirir el paquete de fútbol apropiado. En el caso de quienes se "digitalicen" para contratar este paquete y así poder seguir a su equipo de fútbol, esto implicará un desembolso $ 30,50 equivalente a entre un 40 y un 50% del precio del abono. En otras palabras, pasan a estar digitalizados y a subir el ARPU. Dos pájaros de un tiro.
El panorama para las telefónicas no es tan rosa como aparenta. Además de tener que arrancar desde cero en un mercado ya maduro como el de la TV paga, tecnológicamente la transmisión de TV por las redes de ADSL tiene sus desafíos. Por un lado el monetario, ya que aumentar la capacidad de la red para transportar un mayor volumen de datos se traduce en pesos (o dólares) a invertir. Por el otro, el tecnológico, ya que la degradación de la capacidad de transmisión del ADSL en la medida en que aumenta la distancia entre la casa del abonado y la central es un problema que sólo se resuelve, de vuelta, con más inversión. De hecho, en sus países de origen, el desarrollo de la IPTV no es tan explosivo como algunos imaginaron. Así, sólo sería económicamente razonable competir en las zonas más densamente pobladas y no tanto en otras de población más dispersa, lo que es una buena noticia para los pequeños cableros.
En síntesis, las telefónicas son más grandes en términos de facturación y de inversión, lo que les permitiría ingresar al negocio de la TV, aunque con un resultado aún incierto. Por su parte, el negocio del cable está establecido y cuenta con ventajas objetivas con el desarrollo de la TV digital y conoce mejor el negocio de los contenidos. Y en cuanto al poder de lobby, tanto de un lado como del otro hay expertos en la materia. Sería interesante entonces que se abriera la competencia para que ésta termine beneficiando a los consumidores con menores precios y mejores servicios.
Distinto es el caso de los demás actores de uno y otro mercado (cable y telecomunicaciones) que quedan casi "naturalmente" en distintas veredas, si bien sus intereses y posibilidades son claramente distintas a las de los grandes grupos mencionados.
Las empresas de telecomunicaciones entrantes (aquellas que ingresaron al mercado en competencia, sin heredar ni redes ni clientes) sufren la prohibición de dar servicios de TV sin comerla ni beberla. Al igual que los cables, dan sus servicios en competencia, montando sus redes desde cero, sin ningún tipo de reserva de mercado ni protección alguna. Sin embargo, por un capricho regulador, se les prohíbe transmitir TV por sus redes. Sería bueno que desde el gobierno alguien explique el porqué de esta decisión, a todas luces injusta. Sobre todo cuando las empresas que dan servicios de TV sí están autorizadas a dar servicios de telecomunicaciones.
En el caso de las pequeños operadores de TV por cable, su problema no es tanto regulatorio sino principalmente de negocios. Nadie duda del rol que jugaron ampliando la variedad de contenidos para televisión en lugares donde, a veces en el mejor de los casos, apenas podía llegar una señal de TV por aire. Pero está claro que en la medida que el negocio se hace más sofisticado, con digitalización de la TV y agregado de servicios de telecomunicaciones (banda ancha y telefonía), las escalas empiezan a hacerse sentir cada vez con mayor intensidad. Desde el punto de vista de los costos, no es lo mismo operar en una localidad chica, de casas bajas y casi sin departamentos, donde en una manzana cubierta por una red de cable se puede tener un potencial de 40 hogares, frente a lo que sucede en una gran ciudad, donde una manzana puede tener hasta 1.000 hogares. Y estas escalas no impactan sólo en la infraestructura, sino que también se hacen sentir a la hora de negociar el valor de compra de las distintas señales que retransmiten. En estas condiciones, difícilmente otra empresa de TV paga se anime a competirles, salvo que pueda hacerlo en forma inalámbrica o que ya tenga una red que cubra las mismas localidades, como puede ser el caso de empresas telefónicas. Pero aún en éste último caso, por las razones técnicas mencionadas en el comentario anterior, habría que ver en qué medida las telefónicas justificarían la inversión necesaria para intentar "robar" unos pocos clientes.
Ante este panorama, ¿debe el Estado defender a unos a costas de otros? Si bien puede resultar tentador, conlleva el riesgo de la discrecionalidad mal entendida. Varias de las empresas involucradas en este intríngulis optan por lo más cómodo, que es la anulación del competidor. Sin embargo, optar por esta solución no solo es discrecional, sino que deja de lado los intereses del consumidor, elemento generalmente olvidado en este tipo de conflicto de intereses.
Por otra parte, caer en la tentación de ignorar el desarrollo tecnológico es una jugada peligrosa. Durante los años 90, la transmisión de "voz viva" era un monopolio de las telefónicas, así como hoy la transmisión de TV es exclusiva de canales de aire y operadores de TV paga. Sin embargo, esta prohibición no impidió el desarrollo de la voz sobre IP y que hoy usemos Skype para hablar a cualquier destino, sea local o internacional. De la misma forma, pensar que por ley se puede impedir que la gente vea TV por redes de las empresas de telecomunicaciones es utópico. Hoy, YouTube o Joost, entre tantos otros, equivalen a la prehistoria de la TV por Internet. Se podrá entonces impedir que las empresas de telecomunicaciones ofrezcan el servicio de TV, pero no se podrá evitar que sus clientes vean TV por estas redes.
No se trata de desregular. Todo lo contrario. Se trata de regular adecuadamente la competencia. Así, sería provechoso que el Estado deje la inacción a la cual nos tiene acostumbrados últimamente en esta materia, y se esmere en la creación de un marco para que se desarrolle la competencia, velando no por favorecer a unos en desmedro de otros sino en crear situaciones de igualdad, donde los más fuertes no puedan abusar de su posición dominante, y donde los que prevalezcan sean quienes hagan mejor las cosas. Esto no sólo generaría una industria más sana y competitiva, sino que favorecería a los consumidores (que, dicho sea de paso, además son ciudadanos) permitiendo que lleguen a éstos mejores servicios a mejores precios. ¿Suena utópico? Probablemente lo sea. Pero no está mal perseguir utopías si en el camino mejoran las condiciones de bienestar para todos.
Para los cableoperadores es el cuco contra el cual hay que apuntar todos los cañones. Por su parte, el titular del Comfer afirma que "si Telefónica lanza TV por Internet pierde la licencia". Sin embargo, Telefónica sigue avanzando a pie firme en su proyecto de llevar los contenidos de TV a su red de banda ancha. Y para ello, hay muchas cosas que hacer.
Una de estas tareas pasa por instalar el mensaje de que Speedy puede actualizar a la TV. Esto es lo que transmite su último comercial, en el cual, promocionando un concurso de videos a ser publicados en Internet. Un televisor, confinado al ático, resulta ser un mensaje bastante claro: la tele es vieja. Además, la voz en off es más que elocuente: "... un aparato que parecía inservible resulta ser un televisor que les muestra el futuro". Más claro, echarle agua.
Preocupación. Esta es la mejor forma de describir el impacto que causó esta semana un artículo publicado por la revista Fortuna, en cuya tapa podía leerse "El plan para crear una ENTel K". La nota es una larga especulación sobre cómo sería una nueva empresa estatal de comunicaciones. Lo llamativo de la misma es que está basada en trascendidos provenientes de despachos oficiales, pero sin mención concreta a ningún funcionario u oficina estatal. O sea, más especulación que dato cierto y comprobable. Pero como el toro ya está en el ruedo, es interesante realizar un ejercicio de análisis, algo así como una hipótesis de conflicto de las que realizan los militares en tiempos de paz.
Resumiendo en pocas palabras una extensa nota, la especulación entorno a esta nueva ENTel surge como consecuencia de la compra de Telefónica de una fracción de las acciones de Olimpia, sociedad que a su vez tiene el 18% de Telecom Italia. A pesar de la diluida participación de Telefónica en Telecom Argentina, la mencionada nota afirma que la estrategia del gobierno sería la de basarse en posibles problemas de monopolio o posición dominante lo que las obligaría a encarar un proceso de desinversión.
Desde el punto de vista técnico, el plan mencionado tiene sus aristas. Más allá de que se esté de acuerdo en la influencia real de Telefónica en Telecom (lo cual es ciertamente discutible), la solución no pasa por estatizar. Podría exigirse la venta de una parte de los activos a otro privado, como sucedió en la industria cervecera local. Por otra parte, a diferencia de otras privatizaciones realizadas durante la década de los 90, en el caso de las telecomunicaciones no se trató de una concesión sino de una licencia que incluyó la venta de los activos de lo que era la empresa estatal de comunicaciones ENTel. Así, los activos son hoy propiedad de las telefónicas y no del Estado. En otras palabras, la red telefónica no es un bien del Estado, como sí ocurre con el espectro radioeléctrico, razón por la cual pudo exigir a Movistar la devolución del excedente para luego reasignarlo a piacere. Así, haría falta una expropiación, donde el Estado debe indemnizar al propietario del bien para quedarse con éste por motivos de utilidad pública. ¿Sería políticamente razonable que el Estado gaste miles de millones de dólares en quedarse con una parte de la red telefónica nacional?
Desde el punto de vista político, el análisis es mucho más jugoso. La idea de una gran empresa nacional de telecomunicaciones (sea estatal, privada o mixta) no es nueva, ya que se trata de un sueño acunado por la anterior gestión a cargo de la Secretaría de Comunicaciones. Sin embargo, aún resta por ver cómo se reacomodarán las piezas políticas luego de las elecciones presidenciales de octubre, ya que aunque la figura ganadora mantuviera el mismo apellido en el poder máximo, éstas podrían implicar múltiples cambios de nombres a nivel ministerial y de allí para abajo.
Más allá de las intrigas palaciegas (término nunca mejor utilizado cuando se piensa en dinastías y reinas), políticamente el resurgimiento de una empresa nacional de telecomunicaciones de envergadura es de difícil justificación. Para empezar, el sector de las telecomunicaciones es uno de los pocos que no presiona por aumentos de tarifas, al menos no a nivel de clientes finales (sean individuos o empresas). Además, ciertas promociones recientes, como los bundlings de banda ancha y telefonía, implican una baja real del costo telefónico. Por otra parte, los precios de los servicios no regulados, como telefonía celular y banda ancha, tienden a la baja al tiempo que mejoran las prestaciones. Por otra parte, las mejoras en el servicio telefónico luego de la privatización de ENTel fueron las más palpables, no sólo entre las herederas directas de la privatización sino también por las empresas que surgieron con más fuerza a partir de la apertura del mercado (entrantes). Esto no implica que el mercado de las telecomunicaciones sea el Edén, por lo que si el Estado busca una mayor intervención cuenta con la mejor herramienta: la regulación. Aunque hay que reconocer que como herramienta se trata de una algo oxidada por desuso.
Si a pesar de todo lo mencionado las intenciones del gobierno develadas por el artículo fueran ciertas y firmes, la frase "van por todo" que se escucha en diversos ámbitos tendría un nuevo y preocupante fundamento. El remate de este comentario es libre para que se adapte mejor a la ideología de cada uno.
En el marco de la presentación del seminario y exposición que las cooperativas telefónicas realizarán a finales del mes de julio, se anunció que tanto Fecotel como Fecosur recibieron la aprobación técnica por parte de la CNC para dar servicios de telefonía celular. Ahora falta que la Secretaría de Comunicaciones otorgue las licencias y las frecuencias correspondientes.
El anuncio/noticia da tela para cortar. Por un lado, ya no se habla de Comarcoop, una empresa conjunta compuesta por Fecotel, Fecosur y la entonces misteriosa Redcotel. O sea, los socios originales van por separado, confirmando los rumores que hubo en su momento en relación a diferencias entre los dos primeros a la hora de diseñar el plan de negocios. También desaparece Redcotel, quizás porque ahora entre sus principales socios se encuentra Fecosur, según informa el sitio de la empresa.
La madurez y penetración actual del servicio de telefonía celular en Argentina da lugar a ciertas dudas en cuanto a la viabilidad de la aparición de nuevos jugadores. No hay que olvidar que la idea del operador celular nacional surgió con el anuncio de la compra de BellSouth (Movicom) por parte de Telefónica. Esto ocurrió en marzo de 2004, cuando la cantidad de líneas en servicio era de aproximadamente 9 millones, por lo que quedaba mucho espacio para crecer. Pero hoy, 3 años después, la cifra trepó a 34 millones (según el INDEC), con un crecimiento que naturalmente se desaceleró en forma notable. Y la cosa puede ser aún peor, ya que no hay fecha cierta para recibir la licencia y el espectro, lo que, conociendo los tiempos y ritmos que se manejan en el área involucrada, más el impacto de alguna mini-interna gubernamental, podría posponer este objetivo aún más.
En fin, todavía faltan definiciones. Lo que sí es seguro es que será tema del seminario próximo a realizarse. Así que a prepararse a ver más informaciones periodísticas al respecto. Y por supuesto, también de Tripe Play y radiodifusión. Va a estar lindo.
Hace un par de semanas, Francia prohibió el uso de los adictivos Blackberry entre funcionarios del gobierno por considerarlos una amenaza a los secretos de Estado, ya que la información cursada por éstos pasa por servidores en EE.UU. y Gran Bretaña. Pero este revés fue ampliamente compensado con la autorización del gobierno chino para que los Blackberry comiencen a funcionar en aquél país, 8 años después de haber solicitado la autorización para hacerlo.
Al parecer, las autoridades chinas desconfían menos de los alcances de la inteligencia anglosajona. Salvo que después nos enteremos de que los chinos opten por imitar a los franceses y prohíban el uso entre sus funcionarios.
¿Controlarán también los contenidos accedidos, como hacen con Internet?
No todos se benefician cuando los precios bajan o se mantienen fijos en un contexto inflacionario (con lo cual, bajan en términos relativos), ya que no siempre esta situación implica un aumento de la demanda que sea como mínimo inversamente proporcional. En esta situación se encuentran los locutorios y los cibers, aunque son situaciones distintas.
En el caso de los locutorios, el precio de su producto emblema, la telefonía, se encuentra congelado desde hace años. Años en los que además de la inflación general de la economía también registraron importantes aumentos en los rubros alquileres y salarios, sus costos más importantes. Esto se combinó con la explosión de la telefonía celular, que ciertamente les restó clientes. Así, en el último año se registró un retroceso del orden del 10% en la cantidad total de locutorios, esperándose otro tanto para el presente año.
Los cibers no la pasan mucho mejor, aunque en este caso el precio lo fija el mercado, particularmente la oferta. En general, los cibers no se animan a tocar demasiado sus precios hacia arriba por temor a perder clientes a manos de sus competidores vecinos. A esto se suma el notable descenso de los precios de la banda ancha y su consecuente crecimiento en los últimos años. El efecto de alquileres y salarios es también un factor igualmente impactante en este negocio.
Para colmo, locutorios y cibers son dos negocios que cada vez se superponen más. Locutorios sin acceso a Internet son los menos, si bien muchos cibers se mantienen sin telefonía. Es por esto que es cada vez más común ver la diversificación de estos locales, incluyendo rubros como alimentos y bebidas, librería, agencia de juegos y otros. ¿Será suficiente?
Lo más probable es que se produzca una depuración darwiniana de ambos negocios. Y si bien se trata de un proceso natural en la economía (que nos guste o no es otro tema), no estará exento de dolor para algunos.
Resultaron interesantes y reveladoras algunas de las frases expresadas durante el Encuentro Empresarial Académico 2008, organizado la semana pasada por la UADE. Uno de los paneles contó con la presencia de los responsables máximos de Telecom y Telefónica e, inevitablemente, el tema regulatorio, y más específicamente la oferta de TV por las redes telefónicas, no estuvo ausente.
Por supuesto, las declaraciones en torno a que los avances tecnológicos no pueden ser detenidos por la regulación así como la confianza en que esto así sea entendido por el gobierno dominaron la escena. Pero lo realmente jugoso fueron las proyecciones que el gerente general de Telefónica presentó a la audiencia. Mencionó que para el 2010 (o sea, 3 años y medio si tomamos las cifras a diciembre) Telefónica tendrá 15 millones de usuarios de telefonía celular (un 25% más que los actuales), 2 millones de abonados de banda ancha (un 233% más que ahora) y, agárrense, 500 mil accesos de televisión.
La mención de los 500 mil accesos de TV encierra varios mensajes simultáneos. El primero y más evidente es que en Telefónica descuentan que falta poco para obtener la habilitación legal para dar el servicio (¿será inmediatamente después de octubre?). O si no hay habilitación legal, que al menos no habrá oposición. La segunda es que realmente confían en que el servicio tendrá una rápida aceptación. Como parámetro, vale recordar que a Telefónica le llevó 6 años alcanzar los 500 mil abonados de ADSL que logró a fines del 2006. O sea que esperan que la TV crezca a un ritmo que sería prácticamente el doble. Es cierto que el despliegue de ADSL requirió del desarrollo de la red misma, mientras que la TV lo hace montada sobre esta red ya desplegada, aunque esta debe ser debidamente "upgradeada" (perdón por el neologismo). Sin embargo, también hay que considerar que el ADSL no tenía muchos competidores, particularmente en la zona de Telefónica, mientras que la TV por cable, competencia directa de la TV por ADSL, tiene un desarrollo muy importante en Argentina, estando presente en prácticamente la mitad de los hogares del país.
¿Festejaremos el bicentenario viendo el discurso del presidente/a por TV a través de la red telefónica?
Para quienes habitualmente leen Comentarios es conocida nuestra inquietud por los aspectos regulatorios, no por una vocación frustrada de hombres de leyes, sino porque somos concientes de que las telecomunicaciones en sentido amplio constituyen la infraestructura básica de una sociedad y economía moderna. Entonces, lo que se haga o deje de hacer en la materia repercutirá en la posición y desarrollo de nuestro país de cara a un escenario global que ya no es futuro sino presente.
Durante estos 5 años hubo distintos momentos y personajes. Cuando arrancamos en el 2002, las urgencias eran tantas y tan difundidas que realmente insistir en temas como competencia en telecomunicaciones, desagregación de bucle, portabilidad numérica y tantas otras cosas que atañen al regulador parecían inoportunas. De hecho, lo único que se hizo en el gobierno de la transición fue regular la selección por marcación en larga distancia, posibilidad que fue inmediatamente descartada por todos los operadores (pero eso es otro tema).
Luego fue el momento de un personaje que demostró que su incomprensión de la realidad no se circunscribía al complejo mundo de las telecomunicaciones cuando también hizo "sapo" en el manejo de los precios. Eso sí, siempre se mantuvo fiel a su estilo. Pero sus años de gestión no registraron ningún avance serio digno de mención. Hoy es el turno del arquitecto de los silencios, que no sabemos si ocultan grandes obras o un vacío casi infinito. Mientras tanto, el tiempo pasa.
En realidad, estamos siendo injustos con la actual gestión en la Secretaría de Comunicaciones, ya que justamente ayer se publicó en el boletín oficial la resolución 80/2007 que, básicamente, establece que los operadores de telecomunicaciones deben abrir una cuenta en el Banco Nación en la cual deberán a comenzar a depositar los aportes al Servicio Universal, hasta tanto se constituya el Fondo Fiduciario a tal fin.
Si bien la denominación Fondo Fiduciario puede erizar los pelos de más de uno, lo cierto es que se trata de un primer paso largamente esperado en la puesta en funcionamiento de las distintas herramientas para asegurar la difusión de las redes de telecomunicaciones a un precio conveniente.
De cara al futuro se abren dos interrogantes, ya que la resolución no es precisa. El primero es qué pasará con los fondos que las empresas debieron provisionar desde el dictado del decreto 764/2000. No queda claro si deberán depositarse en la cuenta a abrir o si hay una suerte de borrón y cuenta nueva, y sólo se tienen en cuenta los importes que correspondan a partir de ahora. El segundo es si se considerará al concepto de servicio universal únicamente como telefonía (lo que estaba en el espíritu original de la norma) o si se lo aggiornará para incluir también el acceso a Internet.
Más allá de las dudas, que esperamos sean develadas pronto, lo rescatable es que al menos parece haberse acabado con la inercia regulatoria que reinó durante estos últimos años. Esto, que debería ser normal en la tarea del regulador, da ganas de aplaudir. Clap, clap.
Cuando se habla de los nuevos servicios de TV digital entre gente vinculada al negocio, se piensa inmediatamente en operadores de TV por cable y telefónicas como los dos grandes contendientes, sin por esto dejar de reconocer el rol de operadores de TV inalámbricos (pagos o gratuitos) o hasta ISP. Sin embargo, el combate de fondo es sin dudas entre cableras y telcos. Y en el caso particular de estas últimas, siempre surge la incertidumbre respecto de su conocimiento y adaptación al negocio de los contenidos televisivos. No obstante, las telefónicas no son vistas con malos ojos por los usuarios como un eventual proveedor de servicios de TV, logrando en algunos casos un posicionamiento para nada desdeñable. Esto surge del informe "Los consumidores frente a la TV Digital" realizado por Carrier y Asociados.
Interrogados respecto del tipo de proveedor que les resulta más confiable para acceder a servicios de TV digital, las preferencias se reparten. Si bien en la percepción de estabilidad del servicio pesa mucho la experiencia personal (por lo que algunos destacan la estabilidad del teléfono y otros la del cable), las telefónicas tienen una leve ventaja en este punto, siempre según la visión de los usuarios. Adicionalmente, a las telefónicas se las asocia más con tecnología, a tal punto que el uso de ADSL para transmitir TV no genera rechazos.
En el caso de los proveedores de TV por cable, su gran fortaleza es que, digital o no, la TV es su terreno natural. Y esta experiencia es altamente valorada por los usuarios.
Percepciones al margen, hay otras realidades del mercado que impactarán en esta contienda. Hoy, aproximadamente la mitad de los hogares argentinos tiene TV paga, de los cuales el 90% la recibe a través de un cable, mientras que las telefónicas no tienen ningún cliente. Es sin dudas una presencia más que envidiable. Sin embargo, las telefónicas tienen a su favor su capacidad de bundling o paquete de productos. Esto ya se evidencia en la batalla por la banda ancha, donde tanto Telecom como Telefónica están impactando sobre la base instalada de abonados de clientes de banda ancha de los operadores de cable a través de agresivas combinaciones de Internet y telefonía que, al menos hasta el momento, no han sido respondidas por otras igualmente atractivas de TV e Internet.
Cuando el triple play sea una realidad comercial, las chispas que se saquen se verán desde la luna (como reza el mito respecto de la muralla china).
Si bien en los últimos meses el tema desapareció de los medios, se sabe que el tema norma de TV digital no está resuelto aún en Argentina. Y de las tres normas en danza (japonesa, americana y europea), la pelea está entre la americana y la europea. Distintos indicios, como por ejemplo el rango de los funcionarios que aparecían en las fotos con los propiciadores de cada una de éstas, dan que pensar que en el gobierno se inclinan más por la variante europea que por la americana.
Esta semana, desde el gobierno volvió a haber otra señal a favor de la norma europea. A través de una gacetilla de prensa publicada por el COMFER, se menciona que su coordinador general aludió a "la oportunidad de aumentar la participación de todos los sectores tanto en el espacio radioeléctrico como en los contenidos de los medios de comunicación. ‘La posibilidad de incluir nuevas señales en la televisión digital es nuestra oportunidad para agregar nuevos actores, de aplicar un Plan de Televisión que sea beneficioso para todos los argentinos' propuso".
Si tenemos en cuenta que entre tantas diferencias, la norma americana tiende a mantener el modelo actual de pocos actores transmitiendo en alta definición versus la europea que propone colocar más señales en la misma cantidad de espectro debido a la compresión digital, los dichos del funcionario del COMFER se convierten en un nuevo indicio que permite vislumbrar una inclinación hacia el estándar europeo.
Siempre se pensó que la definición de la norma de TV digital quedaría para después de las elecciones presidenciales. Sin embargo, algunos de los interesados saben que si la decisión no se toma antes de esta fecha perderán parte de su poder de negociación. Los próximos meses serán entonces interesantes para observar desde fuera del fragor del combate.
Una buena regulación que permita la competencia y la convergencia de servicios es sin duda beneficiosa para los consumidores, ya que no sólo permite bajar el precio de los servicios sino que también fomenta la aparición de nuevos modelos de negocios. Tal es el caso de Easyneuf, un servicio de triple play ofrecido en Francia, que además incluye una computadora (similar conceptualmente a un thin client o cliente delgado) diseñada específicamente y que llega al usuario como parte del servicio por un valor mensual.
Así, por € 40 mensuales ($ 168) se tiene acceso a una computadora básica (utiliza Linux e incluye diversas aplicaciones habituales) a la cual se le pueden conectar periféricos, un acceso a Internet de 8 Mb, TV por Internet y telefonía gratis e ilimitada a destinos metropolitanos en Francia. El servicio, provisto por el ISP Neuf Cegetel, funciona sobre la red de France Télécom, sobre la cual se aplica la desagregación del bucle local.
Quizás no sea la mejor de las ofertas, pero vale la pena darse una vuelta por el sitio para ver qué está sucediendo en geografías con regulación moderna.
Sin dudas, esta movida de los españoles en tierras italianas generó expectativas en cuanto a lo que pueda suceder en Argentina, ya que en definitiva involucra a los dos principales, por lejos, operadores del país.
Más allá de que se considere que Telefónica de Argentina y Telecom Argentina comenzarán a operar como una sola entidad o, por el contrario, que la participación de Telefónica en TI no le permitirá a la primera controlar lo que se decida en Telecom Argentina, lo cierto es que, para ser prolijos, el caso debería ser analizado por Defensa de la Competencia. Se trata de un paso que se debe dar, aunque más no sea para cumplir con la formalidad (¿será mucho pedir?). No debe repetirse el caso de Cablevisión y Multicanal, donde el proceso de fusión de ambas empresas se está dando sin que Defensa de la Competencia emitiera siquiera una opinión, a favor o en contra, al respecto.
Que quede bien en claro. No se trata de prejuzgar ni de emitir un dictamen sin contar con la información y conocimientos técnicos necesarios para tener una opinión definitiva ante operaciones de semejante magnitud y potencial impacto. Eso hay que dejarlo en manos de quienes, al menos en teoría, deben ocuparse de esto, como es Defensa de la Competencia. Es lo que corresponde a “un país en serio”, como reza el slogan oficial de Argentina. Pero claro, cuando hay que machacar con las palabras algún concepto es porque generalmente el mismo no puede ser transmitido con los actos.
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