Ya que el tema comienza a instalarse con la circulación del borrador de la nueva Ley de Servicios Audiovisuales, creemos que es un momento propicio para hacer un aporte para que ésta sea lo mejor posible.
Como siempre, es bueno comenzar por los objetivos, pues éstos marcan el norte y evitan que se desvíe el camino ante la aparición de bifurcaciones que pueden llevar a calles sin salida o a destinos que no eran los previstos al iniciar el viaje. Quizás el primero y principal sea que el ciudadano tenga opciones, tanto en materia de contenidos (asegurando la diversidad de visiones y opiniones) como de medios de acceso. Así, no sólo hay que pensar en la pluralidad de los contenidos sino también en la diversidad de redes de distribución, ya que de no ser así, una sola red puede acomodar los contenidos a sus intereses.
Con el desarrollo de tecnologías digitales, las limitaciones físicas a los contenidos desaparecen o se reducen considerablemente. Esto se ve claramente en la TV por cable, que con el proceso de digitalización puede aumentar considerablemente su oferta de canales, dando lugar a todas las voces. Algo similar, aunque en menor escala, sucede con la TV digital de aire (sobre la cual aún no hay definiciones en Argentina), que permite aumentar la oferta de señales de las cuatro actuales a unas veinte, dando espacio entonces a una razonable variedad de perspectivas.
Así, el tema más complejo es el de asegurar la diversidad de acceso. En este rubro tenemos diversos actores, reales y potenciales. Los primeros son los actuales operadores de servicios de TV paga, sean vía cable (Cablevisión, Telecentro, Supercanal, etc.), satélite (DirecTV) o radio terrestre (como Andina). Entre los potenciales están las actuales empresas de telecomunicaciones, que van desde Telecom y Telefónica a todas las demás empresas que comenzaron a operar en el mercado de las telecomunicaciones en condiciones de competencia, así como las cooperativas.
Es clave permitir la existencia de alternativas en materia de redes ya que éstas propician no sólo la diversidad de contenidos sino que además fomentan la competencia, dando lugar a más y mejores servicios a menores precios. Por este motivo, excluir a las empresas de telecomunicaciones sería un grosero error. El análisis debe contemplar, por razones de envergadura y capacidad, un marco distinto para Telecom y Telefónica que para el resto de las empresas de telecomunicaciones y cooperativas. A estas últimas debería permitírseles comenzar a ofrecer el servicio de inmediato allí donde ya tengan su red o quieran extenderla.
En el caso de las herederas de Entel, debería definirse una forma de medición de la condición monopólica de un operador de TV paga para determinar en qué mercados o áreas pueden operar en el corto y mediano plazo y cuáles no. Podría ser estableciendo un piso a determinar de cantidad de abonados (30, 50, 100 mil o lo que se evalúe como más conveniente) en manos de un único operador. De esta forma, se evitaría que empresas de mayor capacidad técnica y financiera se conviertan en una competencia desigual para operadores de poco porte.
No obstante esto, y siendo que el objetivo final sería el de asegurar alternativas, lo ideal sería establecer un cronograma (5, 10, 15 años) de apertura total, de forma tal de dar tiempo a los operadores más chicos a prepararse para competir.
Por supuesto, esta propuesta puede y debe ser objeto de críticas y correcciones, pero su objetivo final, propiciar opciones de contenidos y de redes, debería formar parte de cualquier proyecto. A fin de cuentas, se trata de defender los intereses de los ciudadanos en primer lugar.
Esto es lo que puede suceder luego de que se conociera esta semana que en los EE.UU. la FCC (algo similar a la CNC autóctona) concluyera que Comcast, el principal operador de Cable y segundo ISP de banda ancha de aquel país, bloqueaba inapropiadamente algunas transferencias de archivos. En realidad, según la empresa, lo que hacía no era bloquear sino restringir el ancho de banda disponible para sus usuarios más "pesados".
En base a esto, la FCC pediría que se castigue a Comcast por violar las reglas de libre acceso, las cuales fueron concebidas para evitar que los proveedores favorezcan a determinados servicios por sobre otros (por ejemplo, priorizando el tráfico de contenidos en video propios frente a los de terceros). Sin dudas, una medida que agradará a los defensores de la neutralidad de la red.
Si bien Comcast admitió que cerraba el grifo a determinado tipo de tráfico, sostuvo que esto es parte de la legítima administración de su red de forma tal que unos pocos consumidores intensivos de ancho de banda no afectaran la experiencia de todos los demás. El clásico argumento de los operadores que respalda una práctica bastante habitual en la industria, aunque no esté blanqueada.
En realidad, esta medida puede tener el efecto no deseado que implicaría potenciar los deseos crecientes de los operadores de cobrar a sus clientes en función del tráfico generado en lugar de hacerlo a través de tarifas planas que permiten un tráfico ilimitado (al menos en teoría) a cambio de un precio fijo. Sin dudas un debate que promete salir cada vez más a la luz habida cuenta del uso creciente de aplicaciones demandantes en términos de ancho de banda, como las descargas y el streaming de video, por ejemplo.
Desde aquí siempre sostuvimos que las limitaciones en el tema radiodifusión se hacen evidentes en la medida en que la tecnología se desarrolla a su propio ritmo, independientemente de lo que diga el regulador. Y para ello, hay abundantes muestras. Un nuevo caso es el que surge del anuncio de Terra, quien adquirió los derechos para la transmisión de los juegos olímpicos de Beijing por Internet y por móviles.
En el caso de Internet, esta transmisión no se encuadra dentro de lo que es radiodifusión, ya que se trata en realidad de Web TV y no de IPTV. La diferencia básica entre ambas es que la Web TV utiliza Internet para transmitir sus contenidos (con las limitaciones que puedan surgir y que son inherentes a la red), mientras que la IPTV es una plataforma cerrada, como pueden ser las redes de TV por cable, que utiliza tecnología IP en su transmisión. Respecto de la TV tradicional, tiene un par de ventajas. Una es la capacidad de transmitir en vivo simultáneamente por 13 canales. La otra es la de tener disponibles los contenidos a pedido. Esto es particularmente importante en este caso, ya que teniendo en cuenta que China está casi en las antípodas de Argentina, seguramente haya más tráfico por el contenido que sea transmitido en diferido que por el vivo.
Estos contenidos también llegarán a los celulares, pero por una cláusula en la cesión de los derechos, sólo podrán transmitirse con un delay de 5 minutos. Igualmente, en los móviles los mismos estarán disponibles no como streaming sino como descargas, con lo cual no hay ningún conflicto legal. Y, obviamente, se aplica también el atractivo por el tema de la diferencia horaria.
Más allá de estas consideraciones, será sin dudas una gran demostración de que seguir pensando a la TV bajo los parámetros tradicionales está totalmente démodé.
Todos quienes usan Internet son concientes de que hacerlo implica ir dejando un tendal de huellas potencialmente muy peligrosas para la preservación de la intimidad. Pero cuando este efecto no deseado se potencia por la decisión de un juez ante un pleito entre privados, la cosa se pone muy fea.
Como consecuencia de un demanda por violación a los derechos de autor que Viacom entabló contra Google (YouTube), el juez interviniente no tuvo mejor idea que asegurarle a Viacom el acceso al historial de todos los videos vistos en YouTube, incluyendo el nombre de usuario de los televidentes y su IP.
La medida es ridícula desde varias ópticas. Hubiera sido más entendible que se exigiera esa información para individualizar a quien subió el video con contenido protegido, pero no de aquél que sólo lo vio. Por otra parte, desde el punto de vista técnico, conocer la dirección IP no aporta demasiado, ya que la mayoría utiliza direcciones dinámicas. Esto significa que las mismas no identifican constantemente al mismo usuario sino que se van reasignando. En fin, una estupidez. El mayor riesgo está en la identificación vía nombre de usuario, por más que en muchos casos están asociados a información falsa o escasa, con lo que poco pueden aportar a una identificación.
Mirando por encima del bosque, se hace evidente cuál será el flanco por el cual se atacará a Google en el futuro. Es cada vez más claro su papel de líder de una era tecnológica, así como antes fueron IBM y, todavía, Microsoft. Pero mientras a estos dos se los acusó por prácticas monopólicas, lo mismo no es viable en el negocio de Google. No obstante, la empresa igualmente tiene su talón de Aquiles, y éste es el de la privacidad, habida cuenta de la gran información que maneja. En esto entran no sólo los sitios que releva con su buscador, sino también toda la información asociada a usuarios, que va desde búsquedas realizadas hasta mails enviados y recibidos (especialmente entre usuarios de Gmail). En síntesis, un verdadero Big Brother que si bien afirma regirse por su moto "Do no evil", ya ha dado muestras de que la carne es débil (como cuando aceptó "sugerencias" del gobierno chino en cuanto a qué resultados mostrar en su país) o que se la pueden debilitar, como es el caso de una decisión de un juez, por más estúpida que ésta sea. Por lo tanto, no debería llamar la atención que en el futuro surjan más y más cuestionamientos por ese lado.
Más allá de ciertas rivalidades (sobre todo deportivas) típicas de vecinos, lo cierto es que desde hace un tiempo Brasil despierta la envidia de muchos argentinos que vieron cómo haciendo las cosas bien, con continuidad en políticas claramente planificadas, la economía crece y sus beneficios llegan a todos, no sólo a unos pocos.
Para alimentar la sana envidia, esta semana el órgano regulador del sector (Anatel) anunció que las empresas de telecomunicaciones invertirán unos US$ 155.280 millones en ese país en los próximos 10 años. Esta cifra incluye tanto a las inversiones en adquisiciones como en operación de empresas de telefonía fija, móvil, televisión paga, acceso a Internet y comunicación multimedia. Sin sorpresas, la mayor parte de las inversiones previstas vendrán de la mano de las empresas de Internet en banda ancha y las de telefonía móvil.
Más allá del impacto multiplicador de las inversiones en sí (generando demanda por bienes y servicios), lo interesante es lo que se espera como impacto en la población. Esto es un aumento del 37,5% en los clientes de telefonía fija, una duplicación en los usuarios de telefonía móvil, una triplicación del número de abonados a TV paga y una multiplicación por cinco de los clientes de banda ancha.
Partiendo de los US$ 155 mil millones en 10 años, nos da un promedio anual de US$ 15 mil millones. Si consideramos que actualmente la economía argentina representa entre un tercio y un cuarto de la economía brasilera (dependiendo de los parámetros utilizados), sería el equivalente a inversiones anuales en Argentina del orden de los US$ 3.750 a 5.000 millones anuales. Queda claro que estamos por debajo. Evidentemente, hay algo que no estamos haciendo bien.
Esto es lo que se observa en el gobierno en muchos aspectos vinculados a las telecomunicaciones. Pero esta modorra no es generalizada, tal como sucede en la aprobación de las adquisiciones de empresas.
Ya son conocidos los casos de Telmex y Nextel, ambas en la dulce espera de la aprobación de sus compras de Ertach y Velocom respectivamente. A éstas hay que sumarle el caso de Global Crossing, cuyo Managing Director regional declaró hace unos días en el diario El Cronista que aún esperaban la aprobación de la adquisición de Impsat.
En todos estos casos, Defensa de la Competencia emitió su visto bueno, pero es el área específica que involucra a CNC, Secretaría de Comunicaciones y Ministerio de Planeamiento donde la aprobación definitiva de estas operaciones sufre la amansadera.
Esta situación tiene dos aspectos que la hacen inentendible. Por un lado, no existen elementos objetivos para no dar luz verde a estas operaciones. Por el otro, atentan contra mayores inversiones, ya que es muy difícil pedirle a los accionistas que aprueben fondos para operaciones cuya aprobación definitiva no está dada. En definitiva, se trata de decisiones.
Esto no resulta coherente con el accionar del gobierno en otros casos, como la fusión entre Cablevisión y Multicanal, que tiene más elementos para analizar en profundidad desde el punto de vista de concentración monopólica, aprobada en tiempos récords (más allá de que después se agiten fantasmas de una posible marcha atrás).
Realmente, no se entiende la lógica detrás de todo esto. Aunque también es justo decirlo, tampoco se entiende la lógica detrás de muchas de las decisiones tomadas en los últimos tiempos. Paciencia y tomar quina, que es la mejor medicina.
El enfrentamiento del gobierno con el grupo Clarín y el consecuente impulso a los cambios en la ley de Radiodifusión están introduciendo modificaciones inesperadas en el tablero de las convergentes industrias de las comunicaciones y los medios.
Esta semana se presentó en sociedad la CATEL (Cámara de Cooperativas de Telecomunicaciones), entidad que agrupa a cooperativas de las provincias de Buenos Aires, La Pampa, Córdoba y Misiones. Se trata de cooperativas que por ser en su origen prestadoras de servicios de telecomunicaciones, están hoy excluidas de la posibilidad de ofrecer servicios de TV. Sin dudas, todo un indicio de que, tal como se preveía en su momento, Comarcoop nunca pasó de ser un sello de goma, creación intelectual del entonces Secretario de Comunicaciones y actual Secretario de Comercio.
Este no es el único cambio en la estrategia de las cooperativas para participar más activamente del mercado de las telecomunicaciones en sentido amplio. En algún momento, las cooperativas coquetearon con los operadores de TV por cable para sumar fuerzas, pero aparentemente, luego del enfrentamiento del Gobierno con el principal operador de este negocio, habrían decidido ir solos (no se sabe si por decisión propia o por alguna "sugerencia").
Otro punto que se reflotó, luego de haber estado un tiempo aletargado, fue el proyecto de convertirse en un operador de telefonía celular, aprovechando la devolución de frecuencias que está realizando Movistar como consecuencia de la fusión entre Movicom y Unifón. Se trata de una devolución que ya está en marcha (aunque no concluida) y donde quienes reclaman para sí (total o parcialmente) estas frecuencias son las mismas cooperativas así como Claro, en este último caso particularmente para el área metropolitana de Buenos Aires. El problema para las cooperativas es que actualmente, con más de 38 millones de líneas en servicio, hay poco espacio para un nuevo operador que pueda lograr economías de escala competitivas.
Habrá que ver si esta vez, sin asociaciones con entidades cooperativas "fantasmas" como hicieran anteriormente, las cooperativas pueden avanzar para convertirse ellas también en una alternativa para el usuario. Un usuario que pasa desapercibido entre tanta discusión sectorial.
Las últimas semanas fueron ricas en cuanto al debate de la radiodifusión, y más precisamente en relación al posible ingreso de empresas de telecomunicaciones (incumbentes, entrantes y cooperativas) al negocio de la TV.
Primero fue el encuentro de los cableros en Salta, donde, como era de esperar, los cañones apuntaron en contra de esta posibilidad. Aquí se pudieron ver dos niveles de conflicto. Por un lado los grandes operadores (Cablevisión-Multicanal, Telecentro, Supercanal) contra las telefónicas (Telecom, Telefónica y eventualmente otros, como Telmex), compitiendo principalmente en grandes centros urbanos. Por el otro, los cables pequeños y medianos del interior resistiendo la eventual competencia de las cooperativas de servicios públicos.
El contraataque ofensivo (como diría el Bambino) se dio esta semana en el congreso "La Revolución Móvil", donde se congregaron distintas empresas de telecomunicaciones, convirtiéndose en una tribuna para que éstas reclamaran la posibilidad de ingresar al negocio de la TV, con el agregado de que ahora se sumaron las empresas de telefonía móvil.
Leyendo las crónicas periodísticas en ambos casos, hay una cosa que queda en claro. En la discusión pareciera haber un gran ausente: el usuario. Los argumentos utilizados en esta discusión giran más alrededor del negocio: quién es más fuerte, quién se siente discriminado, quién nació en competencia, quién tiene la tecnología, etc. Sin embargo, nadie presentó un argumento en términos de qué es lo más conveniente para el usuario.
Nuestra posición en este sentido es clara. Siempre estuvimos a favor de la competencia, ya que es la mejor forma de asegurar precio y calidad (como diría un vendedor de bondi). Pero que quede claro que competencia no es dejar que las cosas se resuelvan solas, porque aquí es donde las asimetrías inclinan perjudicialmente la balanza. La competencia debe ser regulada de forma tal de asegurar que todos los actores intervinientes tengan las mismas oportunidades, paguen lo mismo por el igual servicio (ej: interconexión), etc. En un escenario así, prevalecerán los más aptos, sin importar si es un cablero (grande, mediano o chico), una telefónica, una cooperativa o un operador celular. Y el beneficiado será el usuario. Sería bueno no perder el norte en esta discusión.
El diario Crítica publica en su edición de hoy un artículo en el que adelanta algunos aspectos de la nueva Ley de Radiodifusión. Entre los puntos más destacados figuran: la autorización para que las empresas de telecomunicaciones ofrezcan servicios de TV, la declaración de la TV por cable como servicio público y la división en tres del espectro radioeléctrico de acceso gratuito para distribuirlo entre Estado, canales comerciales y entidades sin fines de lucro.
Según la nota, el proyecto de Ley será enviado en un par de semanas al Congreso, con lo cual será bueno esperar hasta entonces para ver los detalles técnicos que pueden diferir de la versión periodística para analizar sus implicancias. Aunque sin dudas, de aprobarse una ley de estas características, habrá un cambio profundo en el escenario de los medios, si bien no será inmediato.
Será cuestión de tener un poco de paciencia para ver cómo terminan dándose las cosas.
Fiel a su estilo de visitas sin preanuncios, esta semana estuvo por Buenos Aires don Carlos Slim, el poseedor de una de las mayores fortunas del mundo (ranking que varía mucho según los humores bursátiles) y principal accionista de Telmex y América Móvil (léase Claro). Como suele suceder, no faltó la visita presidencial.
No hubo ningún comunicado oficial respecto de los temas de los que se habló, pero haciendo un ejercicio de imaginación, no es muy difícil determinar cuáles podrían haber sido los puntos en la agenda.
Por un lado, el pedido (y van...) de que finalmente se apruebe la compra de Ertach por parte de Telmex. Es incomprensible que, a más de un año desde el acuerdo entre las partes, todavía las autoridades regulatorias no hayan emitido una opinión al respecto, más aún cuando se trata de una operación que de ninguna manera implica un riesgo en términos de competencia. Se trata de una situación similar a la que atraviesa Nextel con la compra de Velocom. Hace rato que desde el gobierno le prometen que ya sale... Habrá que recordarle al gobierno que estas indefiniciones postergan o inhiben inversiones.
Se especuló también con que habría un pedido en relación a las frecuencias que está devolviendo Movistar como consecuencia de la fusión entre Movicom y Unifón y que en su momento CTI (hoy Claro) reclamó una parte para mejorar su servicio en el AMBA (Área Metropolitana de Buenos Aires). En relación a este punto, la especulación es que habría reasignación de frecuencias cuando esté concluido el proceso de devolución, que en principio debería completarse durante el presente año.
Finalmente, seguramente se tocó el tema de la nueva Ley de Radiodifusión, ya que no es ningún secreto a esta altura que Slim tuvo conversaciones con diversos operadores de TV por cable para evaluar posibles adquisiciones que le permitan a Telmex mejorar la capilaridad de sus redes, ingresando al segmento residencial con una oferta de tipo Triple Play.
Como se verá, temas de conversación no faltaron. Lo que sigue faltando son definiciones, en uno u otro sentido.
La visita de Slim también tuvo sus repercusiones en otros ámbitos. Es que si bien no hubo declaraciones a la prensa, sí se le permitió a los reporteros gráficos que documentaran el momento en el que el empresario mexicano entregaba una súper slim (sin juego de palabras) notebook Mac Book Air a la presidenta de la Nación. ¡Para qué!
Inmediatamente aparecieron en los blogs críticas y cuestionamientos a la presidenta por haber recibido este presente, que va en contra de la Ley de Ética Pública, salvo que se donen al Estado en vez de conservarlos para uso personal. Y el debate llegó hasta las páginas del diario Clarín, que publicó una nota al respecto (N de la R: una lástima que no hayan habilitado los comentarios de los lectores en este caso, ya que hubiera sido interesante ver qué es lo que piensan éstos sobre este tema).
El revuelo generado refleja claramente las típicas contradicciones argentinas. Se cuestionó un obsequio de cortesía hecho a la vista de los medios, de un bien que tiene un costo cercano a los US$ 3.000 (en Argentina). Del cual, por otra parte, se puede decir que es para su uso en el Estado, ya que a fin de cuentas es una herramienta de trabajo (salvo que la presidenta tenga un fotolog). Y pensar que se pueden torcer voluntades en ese nivel de poder por regalar una notebook es tan ofensivo para quien la recibe ("se compra por monedas" dirían en el barrio) como para quien la ofrece.
También es cierto que hay una ley, y éstas se dictan para ser respetadas. Por esto, quizás sea hora de reformularla para que no genere debates estériles y que las discusiones sean por temas realmente relevantes, que ciertamente no faltan.
Esta semana se publicó el Reporte Global sobre tecnología de la información del World Economic Forum (WEF), lo que dio lugar a un artículo en el diario La Nación.
Ya el título "Una caída en el ranking tecnológico" adelanta que lo que se leerá no es agradable. Según el WEF, Argentina retrocedió 11 puestos en un año, para ubicarse en el lugar 77 entre 127 países incluidos en el ranking. Vecinos como Chile (34), Brasil (59) y Uruguay (66) cumplen un mejor papel.
El estudio utiliza dos grandes ejes para realizar la evaluación. El de la infraestructura, basado en datos duros tales como penetración de computadoras, cantidad de usuarios de banda ancha, costo de Internet, etc. El otro, más soft o intangible, tiene que ver con regulación y marco institucional que influye en el desarrollo del negocio.
Es justamente en esta última perspectiva donde Argentina no sólo se va marzo sino que, y siguiendo con la metáfora escolar, se la lleva previa. Está en el puesto 124 a la hora de crear leyes, en el 121 en cuanto a marco regulatorio, y siguen las malas posiciones para aspectos que son más propios del ambiente político en general.
De lo observado en el artículo, se pueden hacer dos reflexiones. La primera es que la parálisis regulatoria desde el año 2002 en aspectos vinculados al desarrollo tecnológico nos está pasando factura. Se trata de un tema que fue abordado en reiteradas oportunidades desde "Comentarios" y sinceramente da pena saber que nuestro enfoque no era desacertado. Pasaron distintos funcionarios, algunos con perfil más alto que otros, que hablaron más que otros, que "atemorizaban" más que otros, pero más allá de las diferencias de estilo los resultados concretos fueron los mismos: nada. Como dirían nuestros abuelos, estamos como cuando llegamos de España.
Por otra parte, se puede especular con que Argentina podría haber quedado mejor posicionada gracias a los datos "duros". Menciona que sólo un 21% de los argentinos están conectados a la red, cuando en realidad son un 35%. También que los accesos de banda ancha equivalen a una penetración del 4% cuando en realidad es del 7%, más allá de que relacionar accesos y población no es lo más lógico (debiera ser accesos y hogares ya que hay un acceso por hogar pero muchas personas por hogar).
Más allá de esto, se trata de un nuevo llamado de atención para quienes tienen responsabilidades regulatorias. Esperemos que de una buena vez empiecen a justificar sus sueldos. Argentina está perdiendo muchos trenes, no dejemos pasar este también.
Siguen las bajas en relación a las ciudades WiFi. Ahora es el caso de Philadelphia, que en su momento era el proyecto más importante en los EE.UU. quien se baja de la movida, sumándose a San Francisco y Houston. Claramente, el sueño de las ciudades WiFi no fue más que eso, un sueño.
Esto estuvo claro desde el principio. La falla de base fue en pensar que una tecnología indoor, es decir, concebida para su uso puertas adentro, sería apropiada para cubrir una ciudad. Por supuesto, se sumaron otros inconvenientes, pero claramente hubo un error de base en la tecnología elegida.
El error de los políticos y funcionarios municipales es entendible. No tan así el de las empresas tecnológicas impulsando estos proyectos.
El panorama de la industria de la TV por cable se ha visto complicado en las últimas semanas como consecuencia del enfrentamiento entre el gobierno y el Grupo Clarín. Al menos esto es lo que surge de repasar declaraciones y noticias publicadas en distintos medios.
Dentro de éstas, quizás el mayor impacto fue el causado por los comentarios de gente vinculada al poder que indicarían que peligra la fusión entre Cablevisión y Multicanal. Por un lado, el paravocero D'Elía afirmó en radio Colonia que esta fusión "va para atrás", según recoge el sitio Enciclomedios. También toma una frase del Jefe de Gabinete en su exposición en el Congreso, quien afirmó que no se prevé ninguna fusión de cableoperadores. En este sentido, vale aclarar que la fusión fue aprobada por Defensa de la Competencia, pero no aún por el Comfer, y esa sería la carta que guarda el gobierno en este enfrentamiento.
Pero como en todo combate suele haber "daño colateral", quienes pueden ser víctimas de este enfrentamiento son los otros cientos de operadores de TV por cable. Y esto no sólo porque la misma presidenta los acusó de contribuir al crecimiento de la inflación. También porque entre las medidas que estaría evaluando el gobierno está la de levantar la suspensión de entrega de nuevas licencias para este servicio.
Si bien toda medida que fomente la competencia debe ser bienvenida, tampoco hay que creer que por el simple hecho de poder otorgar más licencias, el mercado se inundará de nuevos operadores. Si hablamos de operadores de TV por cable, a los costos de cableado y despliegue de infraestructura en general se suma ahora toda la polémica en cuanto al soterramiento de cables o los límites del tendido aéreo. Esto se traduce en inversiones muy importantes, lo que de por sí implicaría una restricción en la oferta. En el caso de las opciones inalámbricas (que cada vez aparecen más en el radar), no hay que olvidar que el espectro es un recurso limitado.
Por otra parte, hay que tener presente que el de TV paga es un mercado maduro en Argentina, por lo que todos los nuevos ingresantes (y esto incluye eventualmente a las empresas de telecomunicaciones) deberán abordar un mercado con una propuesta muy superior a lo existente y/o con precios lo suficientemente atractivos como para generar un cambio en los clientes. En otras palabras, tampoco es que se van a hacer un picnic.
Así, quizás sería bueno considerar no tanto una política que permita el ingreso de múltiples oferentes (lo cual no sería sostenible en el tiempo) sino una que apunte a evitar la concentración y las prácticas monopólicas. Puede parecer lo mismo, pero claramente no lo es.
En los últimos días volvió a aflorar con fuerza el tema del soterramiento de los cables de las redes de TV paga en la ciudad de Buenos Aires con motivo de la declaración de inconstitucionalidad de la ley de cableado. Esto obligó a que la cuestionada ley volviera a la legislatura de la ciudad, donde el tema deberá ser resuelto en las próximas semanas.
Es difícil abstraerse de esta discusión en momentos en que desde el poder ejecutivo se vislumbra claramente un enfrentamiento con el Grupo Clarín, quien es, entre otras cosas, un jugador dominante en el mercado de TV por cable. Por este motivo, no llama la atención que esta problemática también esté surgiendo en otros municipios, quizás no tan importantes como la ciudad de Buenos Aires, pero que agregados pueden ser un dolor de cabeza (y de bolsillo) mayúsculo.
Más allá de las motivaciones políticas, lo cierto es que el problema que generan los tendidos aéreos sigue estando y lo importante es que en la búsqueda de una solución se piense no sólo en el circunstancial enemigo sino en cómo convertir esta situación en una oportunidad para tener algo mejor.
De las opciones disponibles, una que merece un análisis profundo es que el Estado en cada municipio intervenga directamente en el asunto, participando total o parcialmente en la construcción de los ductos subterráneos por donde debieran pasar los cables. La idea es lograr múltiples beneficios, además de la idea original de despejar los cielos. Estos serían:
Por supuesto, un análisis técnico pormenorizado indicará en qué proporción el Estado debe asumir este costo y si no corresponde que los actores actuales tengan que afrontar parte del mismo, ya que, en el caso de la ciudad de Buenos Aires, todo esto surge de una ordenanza de 1994 que sólo fue cumplida parcialmente. Quizás esta crisis sea una oportunidad para resolver el tema visual, de obras y de competencia, en una sola acción y para siempre.
Esta semana el operador móvil brasilero Telemar Participacoes, que opera bajo la marca Oi, anunció su intención de comprar al operador fijo Brasil Telecom, lo que podría convertir a la nueva empresa en la mayor de América Latina en el rubro telecomunicaciones (según S&P).
La operación aún está sujeta a la aprobación de las autoridades brasileras, pero se especula con que será aprobada por dos motivos. El principal, es que el gobierno de Lula vería con bueno ojos la formación de un peso pesado de capitales nacionales en las telecomunicaciones, que no sólo compita en pie de igualdad con Telefónica y con Telmex/América Móvil sino que también se expanda en la región (como ya lo están haciendo otras empresas de aquél país) y porque no, en otros continentes. El otro es que el gobierno brasilero ha dado señales positivas en cuanto a la consolidación de un mercado que en el momento de su privatización nació mucho más atomizado que el argentino, pero que después la propia dinámica del negocio llevó a una reducción del número de participantes.
De cumplirse los planes de expansión regionales, la nueva empresa terciará en el enfrentamiento entre mexicanos y españoles que se repite en diversos países. Por supuesto, ya comenzaron las especulaciones en cuanto a que podría ser un candidato a quedarse con Telecom si es que finalmente Telecom Italia se viera forzada a desinvertir en Argentina. La cosa se puede poner linda.
Con el anuncio de modificación a la ley de Radiodifusión, se sumaron nuevos actores a lucha de intereses. Algunos sectores sociales vieron en estos vientos de cambio la ocasión para participar de un negocio por el cual hasta ahora no habían dado signos de interés. No obstante, no será posible satisfacer a todos, ya que el espectro es un recurso finito, razón por la cual no se puede aumentar la cantidad de participantes indefinidamente.
No obstante, esto podría ser el incentivo mayor para avanzar con la definición de la norma para la TV digital, ya que uno sus atractivos es la capacidad para comprimir las señales, liberando espacio para agregar otras, lo que permite multiplicar las mismas aproximadamente por cuatro. De esta forma, en el caso de la ciudad de Buenos Aires, en vez de cuatro canales de aire podría haber dieciséis, aunque hay quienes sostienen que se podría llegar a veinte. Más allá del número final de canales de aire que habría, es fácil ver cuáles podrían ser unas de las consecuencias de la digitalización de la TV de aire: más competencia entre canales de aire así como generar una alternativa a la TV paga.
Pero no todo es color de rosa. El tema es que siendo TV de aire, se supone que será gratuita para el consumidor. La forma de financiación es entonces a través de la publicidad, tal como funciona la TV de aire actual. Y aquí está el problema, ya que la torta publicitaria no crece en función de las opciones disponibles sino que está más en línea con el crecimiento macroeconómico. Por lo tanto, habrá un crecimiento mayor de opciones publicitarias que de recursos para tal fin.
En consecuencia, no sólo será un problema para los actuales canales de TV que deberán "compartir" parte de su ingreso con los nuevos actores, sino que estos últimos tampoco podrán lograr los niveles de facturación de los actores actuales. Salvo que algunos se alimenten de publicidad oficial, la cual dio muestras en los últimos años de una gran elasticidad.
Es la que dio Nextel en el día de ayer, cuando sus máximos directivos se entrevistaron con la presidenta de la Nación para anunciarles un plan de inversiones por $ 1.500 millones para los próximos 5 años. Generalmente estas reuniones de anuncios públicos positivos para el país y el gobierno son aprovechadas para sacar a la luz cuestiones que merecen un "ayudín" por parte de las autoridades. Y en estos aspectos, si bien no trascendieron, se podría especular con los temas que aparecieron por la mesa.
Uno sería la aprobación de la venta de Velocom a Nextel. Se trata tanto de un ISP con su base de clientes como de una interesante licencia con cobertura nacional que permite utilizar tecnología WiMax. Esto le permitiría a Nextel no sólo enlazar radiobases, sino también ofrecer eventualmente otro tipo de servicios de telecomunicaciones.
Otro tema sería la aprobación del contrato de transferencia de autorizaciones para el uso de canales radioeléctricos para el SRCE (Servicio Radioeléctrico de Concentración de Enlace) e infraestructura asociada que Nextel celebrara con Movistar. En otras palabras, las frecuencias e infraestructura de Movilink, no así los clientes, que fueron migrados a GSM.
Finalmente, aunque esto está más en manos de los gobiernos municipales que del nacional, la agilización de los proceso de autorización de instalación de antenas, un tema que preocupa a toda la industria de las comunicaciones móviles.
El último tema es quizás el más complicado ya que suele definirse a nivel municipal. No obstante, para cumplir con los dos primeros sólo hace falta un poco de voluntad, ya que no hay condiciones de mercado que pudieran verse afectadas negativamente. Una situación similar a la vivida por Telmex con la autorización de la compra de Ertach. Vamos Salas, sacuda esa modorra.
En la edición anterior de Comentarios (ver ¿Presagio?) señalamos que los ataques del paravocero presidencial al Grupo Clarín, sumados a las declaraciones de un diputado oficialista indicaban quizás el principio de una ofensiva mayor del gobierno. Este presagio terminó confirmándose cuando el domingo el diario La Nación publicó un reportaje al flamante interventor del COMFER (Comité Federal de Radiodifusión) cuya afirmación "la madre de todas las batallas es una nueva ley de radiodifusión" sirvió de título, dándole un toque fundamentalista al tema.
Quienes siguen Comentarios no desconocen que desde hace ya mucho tiempo desde estas ¿páginas? (sería mejor decir bits) se viene reclamando una modificación a la ley de radiodifusión, no sólo para aggiornarla en función de los avances en la tecnología, sino también como una forma de propiciar una mayor competencia y sus consecuentes beneficios para el consumidor/ciudadano. Así, la lógica indicaría que deberíamos estar exultantes ante los anuncios del gobierno de sus intenciones de enviar al Congreso un proyecto para una nueva Ley de Radiodifusión. Sin embargo, la noticia que debería alegrarnos deja más dudas que certezas.
Lo más preocupante del tema es que no responde a un análisis racional ni a un convencimiento ideológico, sino que es una reacción visceral resultante del enfrentamiento entre el Gobierno Nacional y, principalmente, el Grupo Clarín. Nadie duda de que la actual gestión es la continuidad de la precedente, por lo que esta nueva iniciativa encierra muchas contradicciones. Fue esta continuidad de gobierno quien extendió las licencias para dar TV por aire a todos los actuales tenedores de las mismas (incluido su actual archienemigo). También fue quien "congeló" el otorgamiento de nuevas licencias para operadores de TV paga. Y fue esta misma continuidad de gobierno quien tardó 5 años en percatarse que la actual ley fue dictada durante un gobierno anticonstitucional. Esto sin considerar todas las dilaciones en cualquier medida que implique avanzar en temas vinculados, como el ingreso de las empresas de telefonía al negocio de la TV o las definiciones en TV digital, que ciertamente tendría un impacto en la distribución de poder de los distintos medios.
Así, el espíritu revanchista que motoriza esta iniciativa es inocultable, más aún cuando el interventor del COMFER opina en el diario Crítica (no hay link porque las ediciones anteriores están en PDF) sobre cuál debería ser la participación del Estado en Papel Prensa, tema que claramente esta fuera de su ámbito de acción, pero que deja ver de manera manifiesta a quien tienen en la mira en el gobierno nacional.
Una ley algo muy serio y trascendente como para ser resultante de un estado emocional. A lo que se suma la aparición de oportunistas que querrán meter una cucharada. Resumiendo: es indiscutible que hacen falta cambios a la Ley de Radiodifusión, pero el marco elegido para su introducción enciende señales de atención. Un auténtico dilema.
Entre los impactos del masivo anuncio de servicios Triple Play por parte de Telecentro un par de semanas atrás (ver Triplete) estaba claro que uno a quien se le había "mojado la oreja" fue al tándem Cablevisión/Multicanal, quien a pesar de su tamaño quedaba relegado en cuanto a innovación tecnológica. Quizás por esto fue que esta semana, el diario La Nación publicó un artículo donde se menciona que el operador de cable del Grupo Clarín planea lanzar servicios de telefonía (y por ende de Triple Play) en el primer semestre del año próximo.
Pero no es quizás ésta la única razón. Dentro de los cambios a la Ley de Radiodifusión, que muchos prevén que se darán este año, estará seguramente la autorización de las empresas de telecomunicaciones a dar servicios de TV. De ser así, Cablevisión/Multicanal quedaría entonces con una oferta claramente inferior a su competencia si no tuviera ya servicios de telefonía.
La situación de Cablevisión/Multicanal no es cómoda, porque más allá de las presiones políticas, desde el punto de vista técnico comercial tiene que responder desde varios frentes, como las mejoras en su red para atender la creciente demanda de accesos de banda ancha, avanzar en los servicios de TV digital que actualmente son poco sofisticados desde la perspectiva del cliente (falta incorporar pay per view, video on demand, grabación de contenidos, etc.) y comenzar con servicios de telefonía. En este último caso, se trata no sólo de hacerlo funcionar adecuadamente desde el punto de vista técnico, sino también de atender un frente regulatorio que tiene sus aristas.
Se esperan meses de trabajo febril en el mayor operador de TV por cable del país.
En muchas ocasiones, cuando alguien se siente ofendido por algo lo mejor es no darle importancia en vez de hacerlo y llamar la atención de los demás sobre el tema en cuestión. Algo así pasó con el episodio de los Simpson en el cual se tilda de dictador al presidente Perón y que diera lugar a que un legislador pidiera al COMFER que se evite la difusión de ese capítulo en Argentina.
Lo que el legislador parece desconocer es que en la era de las comunicaciones globales no alcanza con silenciar un medio porque hay múltiples caminos alternativos. A esto hay que sumarle un comportamiento típicamente humano, que es el interés por sentir el sabor de la fruta prohibida (ya lo hizo mucho tiempo atrás Adán, dicen, y así nos fue).
El tema es que por el pedido de esta prohibición, todos los medios cubrieron la noticia y lo primero que muchos hicieron (incluidos nosotros) fue ir a YouTube a buscar el capítulo prohibido, el cual puede verse desde aquí.
No tiene sentido discutir si lo que dicen los personajes de la tira animada es cierto o no, ya que el diálogo demuestra claramente que no saben de lo que hablan (y quizás esa haya sido la intención de los guionistas).
Así, lamentablemente, el pedido del legislador logró exactamente el efecto inverso al deseado, ya que aún quienes no siguen los capítulos de los Simpson de una forma u otra se enteraron de lo que pasó.
Lo preocupante de esta situación es que esa misma persona votará leyes de radiodifusión y telecomunicaciones sin entender cómo funcionan éstas en el mundo moderno. Aunque pensándolo bien, eso explica muchas cosas....
El viernes pasado se produjo un hecho sorprendente. Desde la Secretaría de Comunicaciones mostraron algún signo de actividad al publicarse el decreto 558 sobre el Servicio Universal, por el cual se modificó la norma del año 2000 que en realidad nunca llegó a aplicarse. La nueva norma introduce algunas modificaciones respecto de la existente, aunque hay 3 puntos que son dignos de análisis: las obligaciones de las Licenciatarias del Servicio Básico Telefónico (LSB), la exención del pago de la tasa a operadores que operen en zonas con un teledensidad inferior al 15% y lo que sucederá con los fondos devengados hasta la fecha.
El primer punto, las obligaciones de las LSB, es quizás el más curioso. Básicamente, lo que el nuevo decreto introduce es la obligación para éstas (léase Telecom y Telefónica) de expandir la red de telefonía fija en un plazo de 60 meses o 5 años, en el total del ámbito geográfico de sus respectivas regiones, a partir de la entrada en vigencia del decreto. De ser así, gran parte de la razón de ser del Servicio Universal pierde sentido. ¿Qué empresa construirá red en zonas no rentables si allí ya habrá presencia de una de las LSB? De esta forma, para el resto de los operadores no se tratará de construir red sino de financiar los subsidios al uso de esa red por parte de sectores que por razones sociales, económicas o de impedimentos físicos no tengan acceso actualmente a los servicios de telecomunicaciones. Así, lo primero que viene a la mente son tarjetas prepagas (como las que hubo en su momento para los jefes y jefas de hogar) cargadas con saldo para utilizar sobre las redes de los incumbentes. Salvo, claro está, que finalmente se avance con la desagregación del bucle.
Por otra parte, desaparece la exención del pago de la tasa de SU para quienes operen en zonas con una teledensidad inferior al 15%. Con esta modificación, las cooperativas que operaban en zonas de baja teledensidad deberán también hacer su aporte al fondo. No parece muy justo.
En su texto, el nuevo decreto no hace mención alguna a los aportes al fondo del SU devengados hasta la fecha, es decir, el 1% de la facturación de las empresas de telecomunicaciones desde la publicación del primer decreto, en septiembre de 2000. Mucha plata devengada durante casi 8 años que, por tratarse de una tasa, debería aplicarse únicamente para su objetivo original. De no ser así, debería volver a los contribuyentes específicos.
Un punto final, que no queda claro de la lectura del decreto, es si se considerará el acceso de banda ancha. El artículo 2° hace referencia a "red de telefonía fija", aunque no aclara el alcance de los servicios a dar sobre dicha red. Sería ilógico que una reglamentación del SU en el año 2008 (o sea, entrado ya el siglo XXI) no contemplara el acceso a redes de datos y se limitara únicamente a la voz. Pero ya hemos visto cada cosa que se puede afirmar, como remataba la serie, "todo es posible en la dimensión desconocida..."
Esta semana resultó interesante escuchar al paravocero presidencial Luis D'Elía en su aparición en el programa "A dos voces" que se emite por la señal de noticias TN. La presencia de este ex funcionario fue extensa, de media hora, por lo que el video en YouTube fue subido en tres partes. En la segunda, es donde hace referencia al Grupo Clarín y sus intereses en el negocio de las telecomunicaciones, tanto en lo que hace a la operación de TV por cable con la fusionada Cablevisión-Multicanal así como en el supuesto interés del grupo por Telecom Argentina.
La base del interés en este tema radica en que es cada vez más evidente que el ex funcionario sigue teniendo un acceso directo al máximo poder presidencial y difícilmente sus palabras no expresen el pensamiento de éste. Así, el enfrentamiento del líder piquetero (y transitivamente del gobierno) con el Grupo Clarín podría ser un anticipo del rumbo posible de determinados aspectos en el sector de las telecomunicaciones donde el gobierno juega un rol preponderante. Por ejemplo, podría haber una aceleración de las modificaciones a la regulación de las normas que impiden a las empresas de telecomunicaciones dar servicios de TV. De esta forma, permitirían el surgimiento de una competencia más fuerte para el negocio de TV por cable donde el grupo tiene una posición muy interesante, especialmente en el área metropolitana de Buenos Aires.
Esta especulación fue abonada ayer, cuando un diputado del Frente para la Victoria (o sea, oficialista) también embistió contra Clarín y su posición dominante en el negocio de la TV por cable en una entrevista realizada por Mauro Viale en el Canal 26, también de noticias. Ya no parece entonces que se trate únicamente de un exabrupto de D'Elía. Como dijo Hamlet: "Algo está podrido en Dinamarca". Quizás esto sea sólo el principio.
Luego de varios meses en los que estuvo realizando pruebas en su base de clientes, finalmente el originalmente operador de TV por cable Telecentro lanzó oficialmente su oferta de Triple Play. De esta forma se convirtió en el primero en hacerlo en la ciudad de Buenos Aires. Este lanzamiento encierra en realidad un mensaje negativo para su competencia, el operador de TV por cable Cablevisión/Multicanal y las empresas de telecomunicaciones.
Para Cablevisión/Multicanal, si bien Telecentro es un operador mucho más chico en términos de clientes y de cobertura geográfica, el lanzamiento del Triple Play pone a la propuesta de productos por encima de la del mayor operador de TV por cable del país. En otras palabras, Telecentro se muestra más innovador.
En cuanto a las telcos, les recuerda que sin importar si estas son telefónicas incumbentes o empresas que ingresaron al mercado en condiciones de competencia, una regulación anacrónica (que dicho sea de paso, los anacronismos viven un momento de gloria en la Argentina de los últimos tiempos), que decide qué servicios una empresa puede dar en función únicamente de cual fue su negocio original. O dicho en forma más gráfica, la diferencia está en si iniciaron su trámite para operar en el COMFER o en la Secretaría de Comunicaciones. En síntesis, una diferencia burocrática.
Más allá de regulaciones que permiten ciertas cosas e impiden otras, lo cierto es que los proveedores de contenidos saben que las redes de telecomunicaciones son el ámbito natural para la distribución de los mismos y por lo tanto no dejan de explorar modelos.
Recientemente, los productores de la popular y a veces controvertida serie South Park, decidieron poner online todos los capítulos de sus 12 temporadas en su sitio South Park Studios, incluyendo las partes que fueron censuradas para su transmisión por TV. ¿El modelo de negocio? Publicidad, al mejor estilo televisivo tradicional.
Esto sucede mientras los funcionarios y legisladores locales siguen negando a las empresas de telecomunicaciones la posibilidad de ingresar al negocio de la TV. ¿Servirá este ejemplo para que el nuevo interventor del COMFER se dé cuenta de que conviene comenzar a mirar hacia delante y dejar de mirar hacia atrás?
Como ya es habitual desde hace un tiempo, esta semana Cisco presentó los resultados actualizados de su Barómetro de Banda Ancha, que no es otra cosa que un análisis pormenorizado de la evolución de esta tecnología en el país.
Lo llamativo del caso fue que la presentación del informe se hizo en la Secretaría de Gestión Pública, siendo que se trató de un informe elaborado por privados. Así, lo que fue natural que hablara el titular de ésta. Según el comunicado de prensa emitido por Cisco, el Secretario afirmó que "el notable desarrollo de la Banda ancha durante los últimos años obedece en buena medida al gran crecimiento que vive el país y a las políticas activas implementadas desde el Estado para favorecer el acceso de todos los argentinos a las nuevas tecnologías".
No obstante, esto contrastó con lo expresado en el mismo informe, donde entre los inhibidores del mercado argentino, y más específicamente en lo que hace a políticas de gobierno, se menciona: la falta de planificación a nivel nacional, temas importantes como triple play, VoIP y frecuencias no están en la agenda y el decreto sobre Servicio Universal que sólo alcanza al servicio telefónico. Entre los aceleradores se destaca que hay algunas iniciativas provinciales o municipales tendientes a cerrar la brecha tecnológica. ¿En qué quedamos? Particularmente, pareciera que el informe está más cerca de la realidad que las palabras del funcionario. Como reza el dicho, “el que se acuesta con chicos amanece ….” (autocensura expresa para evitar la censura de ciertos filtros de mail).
La semana que pasó fue muy prolífica en noticias vinculadas al intríngulis originado por el ingreso de Telefónica en Telecom Italia pero cuyos efectos parecen ir mucho más allá de esta participación societaria. Todo se originó con la filtración del borrador del informe generado por los observadores del gobierno en Telecom y que habría sido desfavorable a los intereses de Telefónica. A partir de aquí, comenzaron a circular distintas versiones y especulaciones en cuanto a qué pasaría ante una eventual necesidad de “desinversión” de Telecom Italia en Telecom Argentina, lo que dio lugar a una interesante danza de nombres. Así, proponemos un análisis de las alternativas mencionadas, en una suerte de “what if” que permita evaluar mejor la real viabilidad de cada una de ellas así como las consecuencias posibles.
Ante la hipótesis de que Telecom Italia tuviera que vender su participación en Telecom Argentina, las opciones barajadas fueron: el ingreso de Telmex en su lugar (hipótesis recurrente), el ingreso del grupo Clarín o la adquisición de esta participación por parte del mismo Grupo W.
El ingreso de Telmex tendría su lógica por distintos motivos. No es ningún secreto que en el pasado la empresa de Slim estuvo interesada en adquirir Telecom Argentina. Para los mexicanos sería la pieza fundamental para dar el gran salto de categoría, ya que la red de Telecom le daría la tan deseada capilaridad de red necesaria (amén de los actuales clientes) para convertirse en un peso pesado de las telecomunicaciones argentinas. Para Telecom implicaría seguir manteniendo un operador dentro de sus socios, lo que además de asegurar el know how le ayudaría a mantener escalas a la hora de las compras de tecnología, siendo que se trata de un importante operador regional. En contra de esta alternativa juegan dos factores. Uno es que cuando Telefónica ingresó en Telecom Italia se reservó el derecho de aprobar cualquier venta de activos de la empresa, por lo que sería raro que le sirviera en bandeja a Telmex tan importante participación en el mercado argentino. Por otra parte, cuando ya pasaron 19 meses desde que se anunciara la compra de Ertach por parte de Telmex, ésta aún espera la aprobación de las autoridades competentes. Se trata de una situación por demás inexplicable habida cuenta de que esta operación no encierra ningún riesgo a la libre competencia. ¿Qué pasaría entonces si Telmex quisiera comprar total o parcialmente Telecom? Una pregunta sin respuesta evidente.
El ingreso del Grupo Clarín fue la novedad de la última semana y dependiendo de los medios algunos lo vieron reemplazando a Telecom Italia y otros, inexplicablemente, al Grupo W. El término “inexplicable” no es caprichoso, ya que esta alternativa no cambiaría en nada el problema de fondo que, al menos en teoría, es la presencia de Telefónica en Telecom. No obstante, en cualquiera de los dos casos, sería una situación políticamente complicada para el gobierno. A su dominio en el mercado de la TV por cable agregarle un peso tan importante en el mercado de las telecomunicaciones le daría una posición insosteniblemente dominante en momentos en que las redes de cable asoman como la principal alternativa a las redes telefónicas. Que ambas estén en las mismas manos no le haría ningún bien a la salud del mercado. Sin embargo, y lamentablemente, hay que tener en cuenta que en Argentina (especialmente a partir del 2001), el término “imposible” carece de sentido.
El escenario de una adquisición de la parte de Telecom Italia por parte del Grupo W fue planteado por algunos luego de que éste anunciara que había aumentado su participación accionaria en Telecom Argentina luego de la compra de un 2% del paquete en manos de Sofora, lo que elevaría la participación total del Grupo W del 48% al 50%. Sin embargo, esto es más percibido como un elemento de presión y quienes están cerca de la cocina sostienen que lo que el Grupo W busca es lograr un mejor precio para sus acciones ante el ejercicio de la opción de compra que Telecom Italia tiene desde el momento en que el grupo argentino ingresó en Telecom Argentina, en el 2003.
En tren de especular, las alternativas no se agotan aquí. Hay dos que no se mencionaron pero que en este juego de hipótesis pueden incluirse tranquilamente. Una sería la aparición de un Eskenazi de las telecomunicaciones. Es decir, un empresario o grupo empresario ajeno al sector, que a través de la financiación de terceros y con apoyo político del más alto nivel ingresara como socio. La otra sería que alguien reflotara la idea de Comarcoop, es decir, el ingreso de las cooperativas que daría lugar a una telco nacional.
De las hipótesis planteadas algunas son razonables, otras preocupantes y otras ridículas. ¿Pero alguien se anima a descartarlas a todas de plano? Nosotros, no.
Lamentablemente, si bien todas estas especulaciones e intrigas palaciegas son muy atractivas desde el punto de vista periodístico, en definitiva poco aportan si los objetivos son beneficiar al consumidor, asegurar la competencia y evitar posiciones dominantes. Es que más allá de los cambios societarios, y a pesar del esbozo de liberalización de las telecomunicaciones del año 2000, todavía subsiste en Argentina una estructura de mercado con dos cuasi monopolios (Telecom y Telefónica), cada uno operando desde una posición fuerte en un área geográfica determinante, pero no un duopolio, que así sería si estos dos compitieran en la misma geografía. Por lo tanto, desde la perspectiva del consumidor, el ingreso de Telefónica en Telecom no traería demasiados cambios. Sus opciones seguirían siendo las mismas que tienen hoy en día.
La competencia no se garantiza loteando un territorio de forma tal de crear actores dominantes en cada uno de ellos. La competencia se garantiza a través de una regulación adecuada que propicie el ingreso de nuevos operadores. La prueba está en que en los principales países europeos aún subsisten los herederos de las viejas telcos estatales, como France Télécom, Telefónica, BT, Deutsche Telekom, Telecom Italia, que fueron privatizados sin ningún tipo de divisiones. Así, si bien siguen teniendo una importante participación de mercado, la regulación pro competencia europea permitió el desarrollo de nuevos participantes. Y el ingreso de éstos permitió que hoy se ofrezcan servicios avanzados que combinan telefonía, Internet de banda ancha y TV digital a precios muy competitivos, beneficiando al consumidor.
Desde esta perspectiva, el ingreso de Telefónica en Telecom Argentina podría aprobarse tranquilamente. Inclusive, si así lo desearan, podría pasar a funcionar como una sola empresa. Pero para que esto ocurra haría falta terminar de completar un marco regulatorio que es bueno en esencia pero que no fue perfeccionado, que éste se cumpla (algo que debería ser evidente) y que desaparezcan las barreras pararregulatorias (como demoras infinitas en otorgar una licencia o en aprobar tendidos de cables o instalación de antenas). Pero claro, para esto haría falta que la política algún día se preocupe por los ciudadanos y no por sus propios intereses. Parece que esto es mucho pedir.
En este juego de sustituciones, también hay zonas grises, como por ejemplo cuando no se sabe si lo que el usuario hace es ver TV o usar Internet. Esto está ocurriendo crecientemente con los partidos de fútbol, incluyendo a los del campeonato local.
Uno de los efectos de la digitalización de la TV por cable fue poner punto final al robo de contenidos premium vía decodificadores truchos. Así, para ver un partido de fútbol (el contenido más demandado tanto en Argentina como en muchos otros países) hoy no queda otra opción que no sea tener el deco digital, ir a un bar a compartir el partido entremezclado con correligionarios y la contra, o aguantársela sin verlo. O al menos esto sería así en teoría, ya que Internet se las vuelve a ingeniar para encontrar el hueco ahí donde parece haber un muro infranqueable.
Esto se debe al surgimiento de sitios que ofrecen vínculos a otros donde se hace un broadcasting de la señal televisiva o se permite la interconexión de usuarios bajo la modalidad P2P. En ambos casos, alguien captura lo que la TV emite a través de una PC para luego retransmitir este contenido por Internet.
Si bien no hay dudas de la ilegalidad de este procedimiento (razón por la cual no mencionamos ni linkeamos a los sitios que realizan esta actividad), lo cierto es que este incipiente fenómeno obliga a repensar el concepto de TV en los tiempos de Internet. Y desde el punto de vista regulatorio es una muestra más que la división entre TV e Internet es propia de otros tiempos. O tempora, o mores.
No hay ninguna duda que el recrudecimiento de la actividad terrorista en los últimos años tuvo como contrapartida la voluntad de los distintos gobiernos por cercenar las libertades individuales, con un especial énfasis en violar la privacidad de las personas, aún en países históricamente defensores de éstas. Un nuevo capítulo se agregó ahora, en este caso en la India, donde el gobierno está presionando a RIM, la empresa que fabrica los smartphones Blackberry, para que le permita fisgar las comunicaciones encriptadas de dichos dispositivos. Más allá de lo que esto implica para los individuos usuarios de las tecno zarzamoras, este pedido implica una disyuntiva para RIM. Esto se debe a que uno de los puntos fuertes de las Blackberry es la seguridad de sus comunicaciones, razón por la cual uno de sus grandes clientes es el mismísimo gobierno de los EE.UU. Si RIM aceptara que un tercero husmee las comunicaciones que circulan por su red, se caería uno de los pilares de su propuesta. Independientemente de cómo se resuelva este pedido, definitivamente mantener la privacidad en el siglo XXI será una tarea cada vez más difícil, sino imposible.
Esta semana resultó interesante ver cómo se daba la discusión en los EE.UU. entre los proveedores de banda ancha (particularmente, el operador de TV por cable Comcast) y sus clientes usuarios de redes P2P, con la intervención de la mismísima FCC (el organismo regulador de las telecomunicaciones). La base de la discusión está en que Comcast restringe el ancho de banda a las aplicaciones P2P (algo similar ocurre aquí con la mayoría de los operadores de TV por cable) bajo el argumento de que las suyas son redes compartidas, por lo que si un grupo reducido de clientes consume mucho ancho de banda termina perjudicando al resto en un área geográfica determinada. En contraposición, los afectados denuncian trato discriminatorio, donde el ISP ofrece distintos anchos de banda en función del servicio utilizado.
En realidad, ambas partes tienen razón, pero la base del problema es estructural y responde a la modalidad de funcionamiento de las redes compartidas, que es la forma en que funcionan las redes de cable y las inalámbricas, no así las de ADSL o las redes de datos tradicionales. En las primeras, el ancho de banda se comparte dentro de un área geográfica (cuya cobertura física depende de la densidad de clientes). Por lo tanto, en la medida en que se suman clientes en el mismo área, el ancho de banda disponible debe ser compartido, algo así como más comensales para la misma torta. La solución: poner más tortas. En el caso de las redes ADSL, la conexión es dedicada hasta las instalaciones del proveedor. Aquí puede haber congestión, pero no en el tramo que llega hasta el cliente, sino más atrás en la red. En este caso, aumentar la capacidad resulta más fácil y económico, ya que no implica agregar nuevo cableado.
Volviendo a las redes de TV por cable o inalámbricas, al ser redes compartidas los problemas de congestión son bastante más graves ya que no pueden ser fácilmente resueltos. Hay que hacer nuevos cableados o poner nuevas antenas. Entonces, el exceso de tráfico puede "tirar la red abajo" si no se hace nada para limitar el apetito de los usuarios intensivos. Y esto es lo que hacen los operadores poniendo limitaciones al uso de aplicaciones P2P, una opción más rápida y económica que ampliar la capacidad de la red.
Esta disputa vuelve a poner en el tapete una discusión que se da internamente entre los proveedores de telecomunicaciones (sean telefónicas o cableoperadores) pero que no se animan a llevar al público porque es muy piantavotos. Y es el tema de cobrar por tráfico. Con tanta aplicación que usa intensivamente el ancho de banda (como P2P, streaming de video, etc.) será algo de lo que tarde o temprano se volverá a hablar.
Este fue el mensaje que le transmitió el regulador antimonopolios de la Unión Europea a Microsoft, luego de aplicarle una multa de 899 millones de euros (¡justo el día en que el euro llegaba a un récord frente al dólar!) por no responder a los cambios ordenados por la Comisión Europea en el 2004, cuando determinó que la dominancia de mercado de Windows era abusiva.
La decisión original, de marzo de aquél año, requería que Microsoft ofreciera información que permitiera a sus rivales interoperar con Windows dentro de los 120 días. Como Microsoft se tomó bastante más tiempo (488 días más que los originalmente estipulados), los europeos se irritaron y le cayeron con todo a la empresa fundada por Bill Gates.
Más allá del caso Microsoft (que afortunadamente tiene suficiente cash para pagar esta multa), la Comisión está mandando un fuerte mensaje sobre cómo interpreta lo que considera competencia desleal, generando un importante costo potencial de operar en Europa para varias compañías de los EE.UU. Algo de lo que deberán tomar nota Apple (cuestionada por su dominancia en el negocio de las descargas de música con iTunes), Intel (algo similar en procesadores de computadoras) y Qualcomm (ídem en tecnología móvil), quienes también se encuentran bajo el implacable escrutinio de la lupa europea.
Desde hace tiempo circulaban rumores que indicaban un interés de Microsoft por Yahoo. Por esto, el anuncio de la oferta de la primera por las acciones de la segunda no fue sorpresivo. Pero sí lo fueron algunos detalles de oferta, que marcan que definitivamente el mercado tecnológico ingresó a una nueva era, una en la cual Microsoft no quiere abandonar su lugar como empresa emblema y referente. Tarea más que difícil tiene por delante.
Evidentemente, Microsoft se siente amenazada por el creciente poder de Google. Y esta sensación es la que llevó a la empresa de Gates a lanzar una oferta hostil (a pesar de haber tenido conversaciones durante el 2006 y 2007 de fusión o asociación), cansada quizás de las indefiniciones de Yahoo que sólo lograban retrasar la estrategia de MS y depreciar el valor del portal. Y para tratar de acelerar el trámite, lo que propone pagar MS tiene un sobreprecio del 62% respecto del valor de mercado en aquel momento. De esta forma, ni los actuales accionistas de Yahoo deben meditar demasiado, ni los posibles competidores interesados en el buscador pueden llegar a igualar la oferta. Independientemente de esto, la gran duda que surge es si la unión de dos empresas en problemas (de distinta índole, como ya veremos) alcanza para competir con quien a todas luces surge como la empresa emblema en los años venideros.
Resulta paradójico que fuera justamente Yahoo la empresa que potenciara los primeros pasos de Google, cuando varios años atrás tercerizara en ésta el buscador de su portal. El crecimiento del buscador comenzó a ser exponencial y Yahoo terminó su relación con éste, pero ya era tarde. Google estaba lanzado. Al margen de esta anécdota, quizás el error de Yahoo fue que su estrategia tuvo mucho del paradigma offline, emparentado con las sociedades de masas, apuntando a lograr un gran portal que ofreciese acceso a múltiples y diversos servicios y contenidos. Un esfuerzo titánico y diversificado que así como le sirvió para crecer en los primeros tiempos de Internet, luego se convirtió en un lastre. En contraposición, Google entendió rápidamente que el negocio estaba en subirse sobre la red de contenidos dispersos y generados por las más diversas fuentes. Por eso no generó contenidos sino software que le permitiera apalancarse sobre éstos. Así, en los últimos tiempos Yahoo creció por debajo de lo que lo hacía el mercado de Internet, comenzando a perder participación relativa. Hoy, Yahoo ya no es lo que fue, independientemente de su relevancia en los EE.UU. así como de la popularidad de su servicio de mail. Los resultados no la acompañan, y los últimos tiempos fueron más de replanteos estratégicos y de recortes que de otra cosa.
Por su parte, Microsoft está en una posición infrecuente, ya que habitualmente era quien marcaba el ritmo en la industria, pero el avance de Google en los últimos tiempos logró que perdiera la iniciativa y ahora actúe en función de lo que Google hace (o deja de hacer). En Microsoft tienen claro que el modelo que le sirvió para crecer y ubicarlos en un lugar central de la era de la PC no es el apropiado para triunfar en la era de Internet. Por eso, desde hace unos años ya, está explorando nuevos negocios, como el de las búsquedas, los sitios de video, la venta de publicidad y hasta las aplicaciones online. Sin embargo, tantos esfuerzos dieron pocos resultados. Por ejemplo, la participación de mercado mundial de Microsoft en las búsquedas a fines de 2007 fue de apenas el 3%, contra el 62% de Google y 13% de Yahoo. Así, su generosa oferta por Yahoo equivale a admitir, tácitamente, que le está costando más de lo pensado encarrilar su negocio online.
Cuesta percibir a Microsoft como una empresa en problemas habida cuenta de su posición dominante en sistemas operativos y aplicaciones de escritorio así como con sus pilas de cash disponibles para financiar cualquier iniciativa. Pero el problema de Microsoft no es de corto plazo, sino de mediano y largo, en la medida en que las aplicaciones migran desde el dispositivo hacia la red, como ocurrió primero con el mail y lentamente comienza a suceder con el resto (tal el caso de las aplicaciones de escritorio como Google Apps), y más aún si ese modelo se basa no en un pago único o en un abono sino en la venta de publicidad, llegando gratuitamente al usuario. Aquí, la capacidad de conseguir esa publicidad que financie los servicios es clave, y es lo que Google viene manejando a la perfección. Mientras tanto, los dos principales productos de Microsoft dan muestras de envejecimiento: ni el Office 2007 ni Windows Vista generaron mucho entusiasmo. En el caso de Office porque se sabe que un altísimo porcentaje de sus usuarios sólo usan una proporción ínfima de sus capacidades, con lo que la última versión no generó interés. El caso de Windows es similar, aunque con mayores ventas porque es un componente obligado en toda nueva computadora. Pero son ventas que igualmente se hubieran hecho con XP, siendo que éste es un producto ya amortizado. Y no hay que olvidar que Vista fue el sistema operativo más criticado de Microsoft del que se tenga memoria, a pesar de la impresionante campaña de marketing desplegada en su lanzamiento.
Cada era de la tecnología tuvo a su empresa dominante, y el cambio de era por el cual estamos atravesando encierra la posibilidad cierta, concreta y probable de que Microsoft pierda su trono. En la primera era de la informática, cuando lo clave eran las grandes computadoras, IBM reinó sin oposición. Luego vino el momento de las PC, y fue Microsoft, no IBM (a pesar de haber desarrollado la primera PC) quien ocupó su lugar. IBM fue perdiendo gravitación hasta terminar vendiendo su negocio de PCs y reorientándose hacia los servicios, donde es hoy un jugador importante pero en definitiva es uno más de los top. Ahora, en la era de Internet, Microsoft está en proceso de perder su trono ante Google. En Internet no importa el dispositivo que uno tenga, siempre y cuando pueda acceder a la red y a sus servicios. Así, da lo mismo que sea una PC con Windows, una Apple con Safari, un Linux con Firefox, un celular, un iPhone, una consola Wii con Opera o cualquier combinación de hardware y software. Que sea de Microsoft o no es totalmente irrelevante siempre y cuando respete los estándares de la red. Así, el activo principal de Microsoft, su presencia en prácticamente toda PC, se ve seriamente devaluado. Es más, hasta el nombre de Microsoft atrasa: software para microcomputadoras... huele rancio.
Otros temas presentan más incertidumbre, ya que están atados principalmente a pocas voluntades y donde los intereses políticos y económicos involucrados son importantes.
Por supuesto, se seguirá reclamando por una Ley de Telecomunicaciones. Las telefónicas, esperando que se las habilite a dar servicios de TV. Los demás operadores, buscando que se los favorezca en su relación con las incumbentes, por temas de interconexión y otros. Los usuarios, esperando que finalmente se alcancen los beneficios de una oferta en competencia que sea generalizada y no sólo en los grandes centros urbanos, sin omitir dar servicio allí donde no hay negocio. Dentro de este panorama se jugará la definición del tema vinculado al ingreso de Telefónica en Telecom, cuya resolución dará forma en gran medida al escenario de las telecomunicaciones para los próximos años.
Otro tema será la definición (o mejor dicho, redefinición) de la norma de TV digital. En esto juega no sólo quién gana y quién pierde por el lado de la oferta (tanto de servicios como de equipos), sino que también se da forma al modelo de TV que regirá en el futuro, donde las opciones serán varias y distintas.
En fin, se acerca la hora de las definiciones tantas veces postergadas. Ya era hora...
En momentos en que todavía se discute (¿negocia?) la posibilidad de que las empresas de telecomunicaciones ingresen al negocio de la TV paga (o TV de pago, como dirían en la Madre Patria), el mercado se encuentra preparado y hasta deseoso de recibir ofertas de triple play que incluyan telefonía, banda ancha y TV. Esto surge del informe "Acceso a Internet: Segmento individuos - 2007" finalizado recientemente por Carrier y Asociados.
La combinación de teléfono fijo, banda ancha y TV se da aproximadamente en 2 millones de hogares. Pero contabilizando a los hogares con usuarios de Internet que tienen dos de los tres servicios (teléfono y TV o teléfono e Internet), se suma otro millón de hogares. Así, en una primera etapa, y considerando a los hogares que cuentan con al menos dos de los servicios que componen este tipo de oferta, el mercado potencial de triple play es de alrededor de 3 millones de hogares.
Por lo tanto, no resulta llamativo que un 75% considere ventajoso tener un único proveedor que ofrezca los servicios que componen el triple play. Pero aquí no prima el encandilamiento tecnológico sino la racionalidad económica. Más de la mitad de los casos relevados, independientemente del nivel socioeconómico, considera que el principal atractivo de contratar todos estos servicios a un único proveedor pasa por lograr un mejor precio.
Pensando ya en paquetes de productos, a priori empresas como Telecom y Telefónica parecen mejor posicionadas para ofrecer una propuesta atractiva. Los servicios de telefonía fija e Internet obtuvieron valoraciones altas y muy parejas (alrededor de 8,4 puntos), claramente superiores a la que se le da al servicio de TV paga (6,5 puntos). Por lo tanto, no sorprende que a la hora de identificar el tipo de proveedor que más confianza inspira para contratar los tres servicios, surja claramente en primer lugar las empresas telefónicas, elegidas por el 37% de los encuestados. Éstas son preferidas en los niveles socioeconómicos más altos y en los segmentos más jóvenes de usuarios. Los casos que prefieren a las telefónicas duplican a aquellos en favor de un operador de TV por cable, quienes obtienen un nivel de menciones similar a los ISP.
Sin dudas que el que termina es un año de gran impulso al desarrollo de la banda ancha en el hogar (con un crecimiento cercano al 66%) y, a juzgar por las promociones y planes por parte de los actores involucrados, la tendencia seguirá fuerte el año entrante. Este desarrollo de la banda ancha es importante no sólo por la mayor conectividad que alcancen los hogares, sino porque también es parte fundamental de la infraestructura básica para la aparición de nuevos servicios que necesitan de ésta para existir. Así, no sería raro que en el próximo año comiencen a lanzarse propuestas de otros servicios basados en IP que no sean acceso a Internet, como telefonía IP (especialmente por parte de operadores de cable) y de IP TV (por parte de empresas de telecomunicaciones e ISP), regulación mediante. De esta forma, el 2008 podría ser, finalmente, el año del despegue de las propuestas triple play.
Y ya que hablamos de triple play, poco después del cierre de la edición anterior de Comentarios se difundió que el gobierno autorizó formalmente la fusión entre los dos más grandes operadores de TV por cable de Argentina, Cablevisión y Multicanal. La noticia en sí no sorprendió en absoluto, ya que desde el gobierno nunca se había emitido ninguna señal de cuestionamiento a la fusión, al tiempo que la empresa venía funcionando como una sola desde prácticamente un año atrás.
Desde la perspectiva del usuario/cliente, no cambia prácticamente nada. Al ser dos redes que mayormente se complementan en lugar de superponerse, no limita la capacidad de elección existente del usuario. Por esto mismo, resultan patéticas las declaraciones de algún autonominado defensor de los derechos del consumidor, quien criticó la medida porque, según su visión, "con un solo operador, quien no está conforme con lo que ofrecen no puede cambiar de empresa". Habría que recordarle que mayormente esto fue siempre así, por lo que no es atribuible a la aprobación de la fusión.
Donde sí cambia el panorama es en el caso de las señales proveedoras de contenido. Estas deberán ahora negociar con un cliente único (en vez de dos) y muy grande, consecuentemente con mucho poder. Aquí entonces se podría hablar de monopsonio.
Lo interesante de la resolución por la cual se autoriza la fusión es que introduce algunas obligaciones que son más típicas de una empresa de telecomunicaciones, como la extensión geográfica del servicio (tanto de TV como de Internet), conexiones sin cargo a escuelas, hospitales públicos, comisarías y cuarteles de bomberos, tarifas sociales (abono reducido y un mínimo de 10 señales), entre otros compromisos.
Ante la existencia de un gran operador de TV paga, el ingreso de las telefónicas al negocio es ya casi una obligación. Son las únicas en condiciones técnicas y económicas de convertirse en una alternativa tanto para los usuarios (mayormente en los hogares por donde pasan las redes de TV por cable también lo hacen las redes telefónicas). También lo serían para los proveedores de señales, que verían así surgir nuevos compradores para sus contenidos. Visto así, esta aprobación se convierte en la antesala de una autorización para que las empresas de telecomunicaciones puedan, finalmente, ofrecer servicios de TV.
Cuando ya faltan apenas horas para que termine el gobierno del presidente Kirchner, es un buen momento para realizar un balance de su gestión. Obviamente, por el perfil de Comentarios, este balance será específicamente de sus políticas y acciones (o inacciones) en materia de tecnologías de la información. Se trata entonces de un repaso de los últimos cuatro años que no son cuatro años cualesquiera sino aquellos donde la evolución tecnológica tuvo un ritmo de desarrollo que quizás no registró nunca antes.
En lo que hace específicamente a las telecomunicaciones, y si bien hubo dos gestiones políticas con estilos claramente distintos (la de Moreno y la de Salas), el denominador común fue la nada sartriana. La gestión K heredó un marco regulatorio que, a juzgar por los hechos, no era de su agrado, pero en lugar de tomar el toro por las astas se optó por un "todo pasa" grondoniano (por don Julio, no Mariano) que fuera funcional a un estilo de negociación directa y con unos pocos.
La gestión de Moreno exhibió ciertos rasgos que luego se repetirían potenciados cuando este funcionario asumiera en la Secretaría de Comercio: creer que el deseo alcanza para torcer la realidad, trato poco urbano y escasos resultados positivos. Luego de 3 años todavía esperamos no ya un ley sino al menos un borrador de Ley de Telecomunicaciones la cual es reclamada desde todos los sectores involucrados. Y en el olvido parecen haber quedado los proyectos del cuarto operador celular argentino (con asociación de cooperativas incluida), el teléfono celular argentino que, a un precio de $ 75 iba a ser fabricado con la financiación del Fideicomiso para las telecomunicaciones y otros proyectos que involucraron grandes anuncios pero escasas concreciones. Algunos pensarán que mejor que así haya sido.
En el caso de la gestión de Salas, la reseña es más breve. Nada de nada. Muchísimo silencio (a tal punto que alguno podría preguntarse si realmente existe o si es un personaje de ficción). Apenas la creación del Fondo del Servicio Universal que fue nada más que una cuenta bancaria para que las empresas de telecomunicaciones tengan donde hacer sus respectivos depósitos, pero sin que se conozca un plan cierto de cómo esos fondos serán aplicados a su objetivo.
Por supuesto, en el rubro telecomunicaciones quedan varios temas importantes en el tintero. A la Ley de Telecomunicaciones (que debería contemplar aspectos de la mal llamada radiodifusión) se suman la definición de la norma de TV Digital, fusiones y participaciones accionarias varias, el destino de los fondos del Servicio Universal, costo de interconexión, otorgamiento de frecuencias, entre otros. Tareas que quedarán para la nueva gestión, sin que aún se sepa si habrá cambios de nombres o todo seguirá como está.
Ya fuera del ámbito de las telecomunicaciones, hubo intentos positivos aunque no enteramente exitosos, como el plan Mi PC y su versión PyME (esta última más cerca de la palabra "fracaso"). Quizás donde más avances se registraron fue en la promoción de la industria del software. Sin embargo, en este caso los beneficios para las empresas llegaron muy pronto, antes de asegurar un suministro sostenido de recursos humanos para la tarea. El resultado fue el natural cuando la demanda supera a la oferta: suba de precios (en este caso, del trabajo). Así, los honorarios y sueldos de programadores, ingenieros de software y otras profesiones afines crecieron aceleradamente y generaron una "inestabilidad laboral" que no perjudicó particularmente a los trabajadores sino a las empresas que los contrataron. Así, al menos parte de los beneficios otorgados por el Estado sirvieron para compensar los crecientes costos laborales. No está mal, pero no parece haber sido el objetivo original de la medida. Igualmente, y pese a sus problemas, se trata sin dudas de un sector que logró un importante desarrollo.
Se podrá argumentar que más allá de todo esto los resultados no fueron para nada malos: la telefonía celular y la banda ancha mostraron crecimientos notables, las PCs rompen récords de ventas año a año, las notebooks están despegando. Todo esto es verdad y tiene que ver con el notable crecimiento económico de estos años y es la razón por la cual no hubo mayores presiones hacia el gobierno. No obstante, no hay que olvidar que las redes de telecomunicaciones y las tecnologías asociadas son la base productiva de una sociedad moderna. Por lo tanto, todo lo que se haga para potenciarlas será en beneficio del desarrollo del país. Y eso nunca será poco.
Como se puede leer hoy en la mayoría de los principales medios del país, Telecom presentó ayer su servicio de videollamada desde el fijo (ya lo había hecho desde el celular con el lanzamiento de 3G). Haciendo un breve resumen, se trata de un teléfono IP con pantalla que se conecta vía banda ancha (de Telecom) aunque mantiene la numeración de la red fija tradicional. Esto último de por sí ya es toda una novedad. También permite realizar videollamadas hacia celulares de Personal.
Al ser un servicio que corre sobre banda ancha no es técnicamente una llamada telefónica, por lo que queda fuera de las regulaciones que atañen al servicio fijo. Así, si bien algunos podrán cuestionar que se cobre por minuto (siendo que no se trata de una unidad de medida en el mundo de la transmisión de datos) también es cierto que el precio del minuto ($ 0,35) es único para todo el país, o sea que es competitivo con otras llamadas si lo que se va a hacer (y parece lógico si lo que ser quiere es ver la cara del interlocutor) es una llamada de larga distancia nacional. Evidentemente, cobrar por minuto es simplemente una decisión comercial, no técnica ni regulatoria.
Pero más allá de lo vistoso que resulta ver al interlocutor (lo cual ayudará al negocio de la ropa diseñada específicamente para videollamadas), este anuncio trae a la luz otros aspectos tanto o más importantes.
Por un lado queda claro que la red fija de telefonía está en pleno proceso de migración hacia una red de banda ancha sobre la cual se irán montando nuevos servicios. Arrancó con Internet, ahora están las videollamadas, y seguramente seguirán los anuncios (como IPTV, entre muchos otros). Por otra parte, se trata de la primera generación de terminales que permitirán llevar servicios multimediales a los abonados sin necesidad de contar con costosas y sobre todo complejas computadoras personales, lo que abre el mercado a los millones de hogares sin PC. El Aladino VT, tal el nombre del equipo lanzado, es un equipo que al incorporar pantalla permite vislumbrar nuevos servicios sobre la rejuvenecida red telefónica. Ya hoy, con el nuevo producto, se tiene acceso a servicios como IVR en pantalla, donde el usuario ve las opciones que escucha de la típica grabación ("para ventas, marque 1, soporte, marque 2, etc.") bajo formato de menú. También habrá datos del tiempo y los servicios se irán ampliando con el correr de los meses. Esto es, a nuestro entender, mucho más trascendente que el servicio de videollamada en sí mismo.
De todos modos, para quienes nos criamos viendo los Supersónicos y pensábamos que se trataba de un futuro lejano, no deja de ser una muestra de los fascinantes cambios que se vienen dando en los últimos años.
Quienes siguen Comentarios desde hace algún tiempo sabrán que desde aquí no se suelen defender políticas proteccionistas ya que suelen generar distorsiones antinaturales, especialmente si éstas se perpetúan en el tiempo, porque dejan de ser un incentivo para un desarrollo sólido y pasan a convertirse en un beneficio que dura lo que dure la protección. Sin embargo, también hay que reconocer que, aplicadas en forma inteligente y medida, pueden servir para impulsar el desarrollo de ciertas actividades. Pero claramente se trata de un accionar que requiere de finos equilibrios que no siempre se dan.
Esta semana estalló la polémica entre HP y CAMOCA (Cámara Argentina de Máquinas de Oficina, Comerciales y Afines) debido a la intención de la primera de fabricar inicialmente motherboards en las instalaciones que ya posee New San en Tierra del Fuego. Ante esta posibilidad, las autoridades de CAMOCA pidieron una reunión con el subsecretario de Industria con la supuesta intención de frenar el proyecto. Lo que en CAMOCA sostienen es que la fabricación en Tierra del Fuego genera ahorros cercanos al 20% (por exención de aranceles a la importación, IVA e ingresos brutos). Esto es verdad, aunque lejos está de ser novedad ya que justamente esa es la base del incentivo a las industrias en esa provincia.
El tema es que los socios de CAMOCA más preocupados por esta situación son ensambladores de PC quienes por la naturaleza propia de su actividad no pueden obtener los mismos beneficios. Por lo tanto, difícilmente su pedido prospere. A juzgar por las declaraciones de sus directivos, según un artículo publicado por el diario La Nación, lo que la gente de CAMOCA busca es usar este tema para avanzar con su reclamo de la creación de un polo tecnológico en la Capital Federal que les permita recibir beneficios similares, pero sin fabricar sino ensamblando, como vienen haciendo y crecientemente debido al constante aumento de la demanda por PC.
En definitiva, parece más una excusa para poder avanzar por otro lado. Algo así como el tero, que pone el huevo en un lado y grita en otro, todo para despistar. ¡Éxitos!
Para quienes participan como actores o simples espectadores del mercado de las telecomunicaciones de Latinoamérica, la competencia entre Telefónica y Telmex es sin dudas el combate de fondo. Un combate que es a muchos rounds (donde algunos se ganan, otros se pierden y otros se empatan) y en diversos rings (o países). Dentro de este combate a múltiples asaltos, hay que admitir que esta semana Telefónica le sacó varios puntos en las tarjetas de los jueces, ya que obtuvo una importante victoria ante Telmex nada más y nada menos que en su propio terruño o, como se usa en el deporte, jugando de visitante.
En esta ocasión, y para sorpresa de unos cuantos, fue la Comisión Federal de Telecomunicaciones de México (COFETEL) quien emitió una resolución en contra de Telmex y a favor del Grupo Telecomunicaciones Mexicanas (GTM), filial de la española Telefónica. La disputa se originó porque Telmex (incumbente en México) negaba a Telefónica el acceso a su infraestructura de telefonía fija argumentado la presunta violación de la ley de inversiones extranjeras por parte de los españoles. Dicha ley impide a una compañía extranjera poseer más del 49% de una operadora de telefonía fija.
El entre regulador mexicano no resolvió sobre el fondo de la cuestión, aduciendo que corresponde a otros organismos (particularmente, la Comisión Nacional de Inversiones Extranjeras). Sin embargo, en su resolución obligó a Telmex a abrir su red a Telefónica sobre la base de que la empresa mexicana "carece de facultad y competencia" para solicitar a una empresa que pruebe que su participación extranjera se apega a las leyes mexicanas como un requisito previo para interconectar la red pública de una compañía de telecomunicaciones. Por lo tanto, obliga a Telmex a abrir su red a Telefónica hasta que se aclare la situación legal de esta última.
En otras palabras, esto no resuelve el planteo respecto del cumplimiento o no de la ley de inversiones extranjeras, sino que simplemente el mensaje es "zapatero a tus zapatos" (sin ninguna alusión al primer ministro español).
La noticia tiene dos aspecto de interés. Primero, ver cómo las autoridades mexicanas fallaron en contra de una de las empresas más importantes de su país y a favor de una extranjera. Segundo, ver cómo cambian los argumentos en función de la posición que cada contrincantes tiene en cada uno de los mercados donde se cruzan, alternando entre el rol de incumbente y de entrante según la geografía. Nada es absoluto. Todo es relativo. Igualmente, y siguiendo con la metáfora boxística, ninguno va a tirar la toalla.
La expansión internacional del iPhone está poniendo en evidencia las idiosincrasias según los países. Mientras que en EE.UU., país donde la libertad (al menos declarativa) es uno de los valores básicos de la sociedad no hay restricciones para que el iPhone sea vendido en exclusividad para su uso con un determinado operador (en este caso AT&T), la llegada del dispositivo a Europa no ha hecho más que generar conflictos con las autoridades regulatorias, celosas de sus leyes de protección al consumidor.
En realidad, las cosas no son tan simples como parecen. En el caso particular del iPhone, en EE.UU. se respeta más la libertad de empresa que la individual. Apple puede libremente acordar con AT&T la exclusividad de la comercialización del dispositivo. Pero a su vez Apple puede cercenar la libertad de los dueños del dispositivo a usarlo con otros operadores, con actualizaciones de software que se encargan de que el equipo deje de funcionar con otras redes. Esto es más grave, porque entonces no están mejorando sino empeorando un producto del cual no son los dueños. Sin embargo, pueden más los deseos de libertad de los individuos, que siguen desbloqueando por las suyas el equipo luego de cada "actualización".
En el caso de Europa, existen en los distintos países leyes que protegen a los consumidores de ser forzados a adquirir un producto o servicio adicional (en este caso, el servicio de telecomunicaciones) como condición para comprar un determinado producto (el iPhone). Por eso, tanto en Francia como en Alemania se llegaron a esquemas más abiertos, mientras que en el Reino Unido el modelo es similar al estadounidense, demostrando que las afinidades van más allá de la política internacional y que tienen mucho de cultural también. De todos modos, hecha la ley hecha la trampa, ya que en Alemania se puede comprar un iPhone sin bloquear, pero pagando el triple (los desbloqueadores, agradecidos).
Quizás el punto esté en el medio. Por no tratarse de un bien básico ni de consumo obligatorio, si el consumidor acepta usar un operador X con tal de tener su preciado iPhone, allá él. Pero siendo que el consumidor es el dueño del dispositivo, debería ser libre de desbloquearlo cuando quiera. Y este desbloqueo debería ser provisto gratuitamente por el operador una vez superado el período de permanencia previsto en el contrato original. Si no, en vez de venderlo deberían alquilarlo u ofrecerlo en comodato.
Siempre fue evidente que mientras se discute si las empresas de telecomunicaciones pueden o no dar servicios de TV, la opción de usar Internet como plataforma sigue avanzando.
Esta semana Terra, el portal de Telefónica, anunció que a partir de enero próximo la señal Terra TV comenzará a ofrecer series y contenidos exclusivos por Internet. Además, en un futuro próximo aunque sin fecha precisa, lo hará también a través de los celulares. La empresa ya firmó contrato con Disney para distribuir algunas de sus series en forma exclusiva y tiene previsto otros acuerdos regionales y locales, incluyendo a pequeñas productoras, así como con sus "primos" de Telefé (otra empresa del grupo Telefónica). El canal se financiará con publicidad, por lo que no tendrá costo alguno para el usuario. Lo que hoy existe en Terra TV está en fase de prueba, con noticias, entretenimiento y deportes, aunque en enero será el lanzamiento comercial, incluyendo una programación competa.
Desde Telefónica aclaran que con este servicio no se viola ninguna regulación vigente, ya que técnicamente es webhosting y no radiodifusión. Desde el punto de vista técnico, es WebTV y no IPTV (como sería el caso si se tratase de un servicio al estilo de Imagenio). La IPTV es un servicio provisto a usuarios abonados, sobre una conexión de banda ancha, pero no sobre la Internet pública, como sí sucede con la WebTV. La diferencia está entonces en la calidad. Mientras que en la WebTV la calidad será aquella que tenga Internet y particularmente nuestra conexión en un momento dado, en los servicios IPTV la calidad está garantizada por el operador, que suele ser el dueño (o al menos el administrador) de la red.
En el caso de Terra TV, no es necesario ser abonado de Telefónica ya que el contenido viaja por Internet. Así, tampoco puede garantizarse la calidad. En definitiva, será un servicio más parecido desde el punto de vista técnico a YouTube (aunque con contenidos seleccionados por Terra y no subidos por los usuarios) que al servicio de TV por cable.
Desde el punto de vista de los contenidos, este nuevo servicio le permite a Telefónica ir estableciendo acuerdos de distribución con productores, los que eventualmente podría extenderse a un futuro servicio de IPTV, siempre y cuando la regulación así lo permita.
Obviamente esta no es una buena noticia para quienes ya están en el negocio de la TV. No sólo por la competencia generada, sino por que surge un nuevo medio a ser financiado por la publicidad. Y éste último punto no es menor, ya que la aparición de nuevas alternativas no agranda de por sí la torta publicitaria sino que suma un nuevo comensal a la mesa. Un motivo más para seguir este desarrollo con atención.
Es la que encendió la ACAC (Agrupación de Centros de Atención al Cliente de la Cámara Argentina de Comercio) al informar que según sus estimaciones Argentina perdió en lo que va del año 7.000 puestos de trabajo en mano de los países de la región que compiten con el nuestro por atraer inversiones y clientes.
Las razones de la disminución del atractivo argentino responden a causas internas y externas. En las internas, se empieza a sentir naturalmente el aumento de los costos, principalmente el laboral y los alquileres. El tipo de cambio originalmente alto pero prácticamente "clavado" desde el 2003 se retrasó aún considerando los índices oficiales de inflación. Esto se combinó con los sucesivos aumentos salariales y el aumento en dólares del metro cuadrado en alquiler para impactar en la competitividad local.
Por el lado del flanco externo, otros países de la región como Chile, Paraguay, Uruguay y Perú entendieron que se trata de una industria que es una excelente herramienta para generar el primer empleo al tiempo que blanquea trabajadores y decidieron actuar en consecuencia, cosa que nosotros, y parafraseando al ex Presidente, no supimos, no quisimos o no pudimos hacer.
Cuando tiempo atrás (2002 y 2003) el negocio de los Contact Centers comenzaba a florecer principalmente por un tema de costos (más allá del discurso políticamente correcto de la calidad de los recursos humanos), desde Comentarios se defendió la postura de buscar ventajas competitivas más sólidas y duraderas, ya que era evidente que el tema costos en función del tipo de cambio no era sostenible en el tiempo. Este escenario se veía agravado con el hecho de que así como las empresas proveedoras llegaron rápidamente al país también podían irse cuando la situación no fuera tan favorable o al menos desviar sus inversiones futuras hacia otros países que estaban comenzando sus políticas de seducción. También se criticó la decisión de dejarlos de lado cuando se sancionó la Ley de Software que en un principio los incluía. Estamos entonces ante uno de esos casos donde no hay nada que celebrar por acertar un pronóstico.
De todos modos, la situación está lejos de ser irreversible, por lo que sería bueno que las nuevas autoridades, tanto a nivel nacional como provincial (lo que incluye a la ciudad de Buenos Aires) sepan reaccionar antes de que nos encontremos con que, una vez más, desperdiciamos una oportunidad (toda una especialidad local).
Esta semana se dieron una serie de noticias que fueron significativas en relación al ingreso de Telefónica en Telecom Italia y sus repercusiones locales.
Por un lado, el regulador estatal brasilero ANATEL aprobó el ingreso de Telefónica en el capital de Telecom Italia aunque imponiendo 28 restricciones para la aprobación definitiva de la operación, entre ellas la desvinculación total de Vivo y TIM, los operadores celulares de ambas empresas en aquel país. Quizás porque esperaban saber que pasaría en Brasil, a las pocas horas de anunciada la aprobación de ANATEL, se cerró la cesión del 100% de Olimpia, principal controlante de TI, perfeccionando el acuerdo alcanzado a principios de mayo. Estas dos noticias dan la pauta de que lo que realmente interesaba a Telefónica era asegurarse el control en Brasil y estar en condiciones entonces de poner un freno a las aspiraciones de expansión de Telmex.
Por otra parte, localmente los mexicanos no se quedaron quietos, presentando un escrito ante Defensa de la Competencia (CNDC) en el que solicitan intervenir en la investigación. Según el diario Página/12 en base a fuentes oficiales, la investigación es de carácter confidencial, por lo que no se puede dar participación a terceros en el expediente. No obstante, esto no desanimaría a don Slim (quien naturalmente pataleó por lo sucedido en Brasil), ya que CTI habría hecho lo mismo en el día de ayer, según informa hoy el diario El Cronista.
Siendo que se esperó la aprobación brasilera para cerrar la operación en Europa, queda claro que lo que suceda en Argentina tiene menor peso, ya que no haría entonces peligrar la operación entre españoles e italianos. Así, si dentro de los escenarios alternativos posibles se diera que finalmente el Estado argentino exigiera a Telecom Italia desprenderse de sus activos locales (léase Telecom), esta sería una oportunidad de oro para que finalmente Slim pueda tener una presencia en Argentina más acorde a su posición regional. Aunque otra escenario es el de una resolución a la brasilera aunque dentro de un marco más amplio provisto por la futura Ley de Telecomunicaciones. Se habla también de otros escenarios, pero como rige la veda política, mejor cerrar aquí.
Con motivo de su salida a la bolsa, el Grupo Clarín presentó un prospecto a los inversores que es una radiografía del multimedio. Así, queda en evidencia que el negocio de la TV por cable (que incluye el acceso a Internet) es el negocio más importante del grupo, representando el 61% de sus ventas, mientras que el rubro gráfico es sólo el 26%. Esta información fue publicada por el ISM (Informe Semanal sobre Medios).
Estas cifras permiten comprender mejor la defensa con uñas y dientes que el Grupo hace del marco regulatorio y legal actual frente a la posibilidad de que las empresas de telecomunicaciones ingresen al negocio de la TV, generándole competencia a su negocio principal en facturación y rentabilidad.
Es el que logró
Tener asegurado acceso consistente a espectro a nivel mundial representa un fuerte impacto para
En el caso argentino, existen pequeños operadores de TV paga en el interior del país que tienen asignadas las frecuencias necesarias (2,5 Ghz) para operar ahora con WiMax. Si bien no es razonable pensar que puedan dar servicios móviles (donde la cobertura es clave), sí puede ser una herramienta interesante para armar propuestas triple play fijas que permitan sumar servicios de comunicaciones al servicio de TV.
Volviendo al mundo móvil, se puede argumentar que esta versión de WiMax aún debe demostrar que funciona realmente (más allá de las pruebas), que sus costos son competitivos (cosa que muy probablemente suceda, sobre todo luego de este anuncio) y que tendrá un mercado relevante cuando esté definitivamente lista comercialmente. Pero sin dudas este anuncio tendrá a más de uno celebrando. Sobre todo en los EE.UU.
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