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Digitalizando el fútbol

En agosto último, la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) dio por terminada su relación con TSC para la explotación de los derechos de televisación de los partidos y anunció la cesión de estos derechos al gobierno nacional. En aquél entonces se prometieron dos cosas: que el fútbol sería visto gratuitamente por la población y que habría una rentabilidad por sobre los $ 600 millones que recibiría la AFA, la cual se utilizaría para financiar actividades olímpicas.

 

A 6 meses de ese momento, el balance no es del todo positivo. Es cierto que el fútbol sí fue gratuito para todos, pero los números del negocio están lejos de ser lo que prometían (a tal punto que hubo que inventar un impuesto a los celulares para financiar el deporte olímpico). Así, el Estado terminó subsidiando a clubes (e indirectamente a sus millonarios contratos con figuras y otras no tanto), lo cual es un sinsentido total desde la perspectiva de la redistribución del ingreso.

 

Ciertamente, esta situación no deja de preocupar en la AFA, donde son concientes de que sus ingresos dependen de la buena relación con el gobierno y de la continuidad de éste más allá del 2011 (año de las próximas elecciones presidenciales). Por eso, quienes viven del fútbol están evaluando modelos alternativos que permitan no sólo que la actividad sea viable a largo plazo sino también que se adapte a los desarrollos tecnológicos, aunque tratando de respetar el espíritu inicial de la movida.

 

Una de las propuestas que circula tiene mucho que ver con la TDT (Televisión Digital Terrestre) de próximo lanzamiento (en marzo Canal 7 comenzaría con las transmisiones digitales) y podría servir para darle un fuerte impulso a su desarrollo en esta etapa inicial. Básicamente lo que se plantea es que las transmisiones gratuitas sean únicamente por la señal digital, aunque manteniendo la transmisión analógica en las zonas donde la TDT no llegue.

 

Los operadores de cable o DTH (Direct To Home, léase DirecTV) podrían retransmitir los partidos, previo pago al Programa Fútbol para Todos, para lo cual la AFA crearía una señal de TV (algo así como un TyC de los propios clubes). El monto pagado se distribuiría entre los clubes, un fondo para el desarrollo de la TDT y otro que servirá para financiar la digitalización de operadores de TV por cable. Asimismo, se propone crear una señal premium  de alta definición (HD), la que se pagaría por fuera del abono básico al servicio de TV paga.

 

Finalmente, la idea es también ampliar los canales de distribución de estos contenidos, por lo que no habría que descartar productos para celulares y/o Internet. De esta manera, las empresas de telecomunicaciones podrían también ingresar al negocio de la distribución de fútbol.

 

Se podrá argumentar, no sin razón, que su punto débil es que el fútbol no será tan gratuito como se presume si exige la tenencia de un conversor o un televisor digital al espectador. Pero también es cierto que lo que hay hasta ahora tampoco lo es, ya que son varios los puntos del interior del país donde Canal 7 no llega y por lo tanto la única forma de ver fútbol es vía TV paga.

 

Sin dudas, esta propuesta es, como todas, discutible. Pero tiene sus virtudes. La principal, desde la perspectiva del ciudadano, es que el fútbol se financie por sí sólo y no con los recursos del Estado, que ciertamente tiene otras prioridades. Desde la perspectiva tecnológica, podría ser un impulso clave para el desarrollo de la TDT. Pero también lo será para la industria que gira a su alrededor: fabricantes de conversores, televisores, equipamiento de transmisión y operadores de TV paga.

 

La cercanía del inicio del campeonato local hace inviable pensar que este esquema o uno similar se aplique de inmediato. Pero este es un año mundialista, por lo que la presencia de Argentina en Sudáfrica podría ser un interesante banco de ensayos para transmisiones y equipamiento necesario.

 

Más allá de que esto es sólo una propuesta y que, de avanzar, probablemente sufra modificaciones, es un indicio de que hay intenciones de hacer más seriamente algo que nació a las apuradas y desprolijamente, cuya su continuidad en el tiempo, bajo el formato actual, está seriamente amenazada. Ahora sólo resta esperar.


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