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Cromado

Esta semana, Google impactó mediáticamente con el anuncio de su sistema operativo Google Chrome. Se trata básicamente de una versión reducida de Linux que incorpora un navegador (justamente, el Chrome de Google) y que apuntará inicialmente a las netbooks pero que esperan llegue luego a todo tipo de computadoras (portátiles y de escritorio). Para las aplicaciones, Google apuesta fuerte al concepto de computación en las nubes (cloud computing), donde espera descollar con sus aplicaciones tales como Gmail, Google Docs, Blogger, etc.

 

El anuncio generó reacciones dispares. Los medios en general, tanto especializados como generales, lo presentan en términos de gran combate de fondo digno de Las Vegas o Atlantic City: Google vs. Microsoft, lucha de gigantes, etc. Aunque son enfoques atractivos, el anuncio merece un análisis más en detalle.

 

Si bien hay mucha excitación alrededor del nuevo sistema operativo desarrollado (mejor dicho, a desarrollar) por Google, conviene repasar la historia reciente. Menos de un año atrás, había mucha expectativa con el lanzamiento de las primeras netbooks, muchas de las cuales usaban Linux con el mismo concepto detrás de Google Chrome: los usuarios tendrán sus aplicaciones y contenidos en la red, por lo que alcanza con un sistema operativo básico y un buen navegador (en estos casos se trataba de Firefox). Pero el furor duró muy poco. El mercado siguió demandando Windows, y hoy la mayoría de las netbooks viene con la versión XP ¿Qué pasó? Los usuarios no saben o no les interesa el concepto de cloud computing. Simplemente quieren tener la misma experiencia en las netbooks que en notebooks y desktops (más detalles en “Desvirtuadas”). Es justo hacer notar, no obstante, que existe una diferencia entre el Linux de las primeras netbooks y el Chrome OS. Este último estará respaldado por Google, quien tendrá que utilizar su capacidad de marketing no sólo para promover su producto sino, más importante aún, para evangelizar respecto de las bondades de la computación en la red.

 

Desde un punto de vista estratégico, el tema despierta también ciertas inquietudes. Ya no queda claro si Google es una empresa de medios (a fin de cuentas, sus ingresos son casi exclusivamente por publicidad) o de software (que tiende a ofrecer gratis, como Gmail, Google Earth, el navegador Chrome, Android y ahora Chrome OS). Y esto se encuadra en su lucha contra Microsoft, donde uno, Google, representa la era de la red y el otro, MS, la era de las PC.

 

Google tiene por delante una ardua tarea de evangelización, que seguramente será más fácil en la medida en que crezca el número de nativos digitales acostumbrados a tener sus cosas en la red: un webmail, sus fotos en Facebook o Fotolog, sus videos en YouTube, etc. Pero convencer a los usuarios a que abandonen lo que conocen, Windows, por algo nuevo, Chrome OS, llevará tiempo y esfuerzo. En el caso de Microsoft, es cierto que el nuevo mundo atenta contra su negocio tradicional, pero grande y pesada como es, la empresa hace esfuerzos por actualizarse, preparando una versión online de Office y también una versión de sistema operativo similar a lo que propone Chrome.

 

Mientras tanto, está sorprendiendo con la respuesta hacia su nuevo buscador, Bing. Si bien este está aún lejísimos de hacerle sombra a Google, también marca una realidad. Los usuarios pueden cambiar de buscador con sólo un click, así como cambiar su página de inicio de Google a Bing con igual facilidad. Pero será mucho más trabajoso lograr que cambien de sistema operativo. Si bien todavía falta un año para su llegada al mercado, es de esperar que los primeros en subirse a Chrome sean los usuarios de Mac (ya que Apple se resiste a lanzar una netbook), los de Linux, y los curiosos de siempre que hoy usan Windows.

 

Que quede claro. La computación en las nubes es sin dudas la tendencia a mediano y largo plazo. Pero en lo inmediato, el debate de cuál es mejor desde la perspectiva técnica es estéril. Lo importante será lo que decida el mercado, que siempre tiene la última palabra.


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