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Guerra de modelos

En telecomunicaciones, como en casi todos los órdenes de la vida, hay ideologías. Particularmente en lo que hace a modelos regulatorios para permitir la competencia, hay dos grandes líneas: los que propician la competencia de infraestructuras (modelo aplicado en los EE.UU.) y los que sostienen que debe haber una infraestructura común, poniendo el foco en la competencia entre servicios brindados sobre ésta por distintos proveedores (modelo europeo).

 

El modelo europeo se basa en utilizar una única infraestructura de base heredada de las grandes telefónicas estatales de cada país luego de los procesos de privatización, que generalmente quedaron en manos de empresas privadas, en algunos casos con participación estatal. Este incumbente heredaba una red que cubría todo el país y, más importante aún, la llegada hasta la casa del cliente (la famosa última milla). En este caso, la competencia entre operadores se fomenta abriendo la red del incumbente para que los entrantes puedan también utilizar su infraestructura, lo que permite llegar con nuevas ofertas a los clientes, pero montados sobre la última milla (o bucle local en la jerga) del incumbente. La virtud de este modelo es que genera competencia rápidamente, ya que los operadores entrantes no tienen que invertir el capital y tiempo necesario para montar una red. Su defecto es que no incentiva la modernización de la red, ya que la competencia se da a nivel de servicios sobre la red existente.

 

En el caso del modelo americano, lo que se propicia es la competencia de infraestructuras. En este caso es conveniente recordar que, como sucede en Argentina, en los EE.UU. existe una importante red de TV por cable, convirtiéndose ésta entonces en la alternativa a las redes de telefonía. Así, típicamente la competencia se da entre estos dos actores, a lo que comienzan a sumarse alternativas inalámbricas (tanto móviles como fijas). Este modelo tiene la ventaja de incentivar la actualización de la red, y así es como ya hay casos de operadores migrando su red hacia fibra óptica hasta la casa del cliente, previendo el crecimiento de servicios más demandantes de ancho de banda (video de alta definición, video bajo demanda, etc.). La desventaja es que la competencia es más limitada por las necesidades de inversión y, desde el punto de vista económico, es menos eficiente replicar infraestructuras.

 

Así, y simplificando notablemente, podría decirse que el modelo europeo genera mucha competencia en el corto y mediano plazo, pero no fomenta la modernización de la infraestructura en el mediano/largo. Inversamente, el modelo americano incentiva la inversión en mejoras y actualizaciones de la red pero es lento para generar alternativas (y si la rentabilidad de un área determinada no lo justifica, esa alternativa no llega nunca). En sí, es difícil decir si uno es mejor que el otro. Todo depende de las circunstancias y los objetivos del momento.

 

En esta materia, Argentina es fiel a su estilo de "tercera posición". Tiene un marco regulatorio estilo europeo, pero una realidad de mercado estilo americano. El modelo vigente técnicamente es el del año 2000 y contempla conceptos como la desagregación del bucle. Sin embargo, el mismo nunca fue completado (quedó trunco con la caída del gobierno en el 2001), y muchísimos aspectos nunca fueron reglamentados. Así, sólo quedó lugar para las empresas que decidieron y pudieron construir o adquirir su propia red, caso Telmex, Iplan, Ertach, entre otras, las que se sumaron a los operadores de cable, que son una importante alternativa en lo que es banda ancha y que recién ahora incursionan en el negocio de la telefonía. Adicionalmente, se puede prever que las redes inalámbricas (tanto las celulares con 3G como WiMax y otras) sean cada vez más una opción.

 

Como suele suceder con las posturas ideológicas, su viabilidad depende de momentos y circunstancias (¿o acaso alguien imaginaba a los republicanos propiciando la participación del Estado en el sistema bancario de los EE.UU.?). En momentos en que tanto se habla del aggionarmiento de leyes (como la de Telecomunicaciones y la de Radiodifusión), sería bueno que en Argentina se diera este debate para comenzar a definir, de una buena vez, la política a seguir en el desarrollo de esta infraestructura, clave en la sociedad de la información.


Tags: Negocios Regulacion Telecomunicaciones

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