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Mundo subterráneo

Mundo subterráneoEn los últimos días volvió a aflorar con fuerza el tema del soterramiento de los cables de las redes de TV paga en la ciudad de Buenos Aires con motivo de la declaración de inconstitucionalidad de la ley de cableado. Esto obligó a que la cuestionada ley volviera a la legislatura de la ciudad, donde el tema deberá ser resuelto en las próximas semanas.

 

Es difícil abstraerse de esta discusión en momentos en que desde el poder ejecutivo se vislumbra claramente un enfrentamiento con el Grupo Clarín, quien es, entre otras cosas, un jugador dominante en el mercado de TV por cable. Por este motivo, no llama la atención que esta problemática también esté surgiendo en otros municipios, quizás no tan importantes como la ciudad de Buenos Aires, pero que agregados pueden ser un dolor de cabeza (y de bolsillo) mayúsculo.

 

Más allá de las motivaciones políticas, lo cierto es que el problema que generan los tendidos aéreos sigue estando y lo importante es que en la búsqueda de una solución se piense no sólo en el circunstancial enemigo sino en cómo convertir esta situación en una oportunidad para tener algo mejor.

 

De las opciones disponibles, una que merece un análisis profundo es que el Estado en cada municipio intervenga directamente en el asunto, participando total o parcialmente en la construcción de los ductos subterráneos por donde debieran pasar los cables. La idea es lograr múltiples beneficios, además de la idea original de despejar los cielos. Estos serían:

 

  • El cobro de un canon por el uso de los ductos a toda empresa que tienda sus cables a través de éstos, generando una nueva fuente de ingresos para el Estado.
  • Facilitar el ingreso de nuevos operadores, tanto de TV en particular como de telecomunicaciones en general, que hoy no despliegan redes por los altos costos del tendido de cables soterrados. Esto beneficiaría al consumidor por mayor oferta y la consecuente baja de precios y/o mejora del servicio. A su vez, generará ingresos por cánones adicionales.
  • Mejora en la confiabilidad de las redes por estar resguardadas de los riesgos que implica estar a la intemperie
  • Las veredas se rompen una sola vez y sirve para todos los operadores

 

Por supuesto, un análisis técnico pormenorizado indicará en qué proporción el Estado debe asumir este costo y si no corresponde que los actores actuales tengan que afrontar parte del mismo, ya que, en el caso de la ciudad de Buenos Aires, todo esto surge de una ordenanza de 1994 que sólo fue cumplida parcialmente. Quizás esta crisis sea una oportunidad para resolver el tema visual, de obras y de competencia, en una sola acción y para siempre.


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