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Con la música a otra parte

En una breve aunque interesante entrevista publicada la semana pasada por el diario Clarín, Kevin Kelly, fundador de la revista Wired, deja una frase tan lapidaria como cierta: "todo lo que se pueda copiar ya no se va a poder vender". Por supuesto, dentro de esta realidad de la nueva economía, la música es un ejemplo paradigmático.

 

Si bien el fenómeno de las descargas de archivos musicales por Internet no es nuevo, se trata de un hábito que está fuertemente arraigado y es creciente, ya que prácticamente la mitad de los usuarios manifiestan hacerlo, lo que equivale a unos 7 millones de personas. Esto surge del informe "Uso de Internet: contenidos y transacciones - Segmento individuos 2008", recientemente finalizado por Carrier y Asociados.

 

Considerando el dispositivo donde esa música descargada es reproducida, la PC está desplazando claramente a los equipos de audio, ya que 3 de cada 4 personas que descargan música la escuchan directamente desde la computadora. En segundo lugar se ubican los reproductores de MP3, cuyo uso creció de un 23% en el 2006 a un 46% en el 2007, duplicando su presencia en un año, convirtiéndose en la segunda plataforma de reproducción, desplazando a los reproductores de CD de audio.

 

Reproducción de música descargada 

 

En cuanto al perfil del downloader, el mismo está influenciado por el desarrollo de la banda ancha, que en el último año tuvo un notable crecimiento en los segmentos socioeconómicos medio bajos, por lo que hoy esta última perspectiva dejó de ser una variable que correlacione. Por otra parte, como sucede con todos los nuevos usos de la tecnología, existe una influencia notablemente mayor en la medida en que los usuarios son más jóvenes. Además, esto confirma que se trata de un cambio de hábitos que implica que el negocio de la música deberá adaptarse de una vez por todas.

 

Habida cuenta del escaso éxito de los sitios de descarga legal de música, esto plantea claramente un escenario en el cual cada vez menos los consumidores de música estarán dispuestos a pagar por ésta. Así, el accionar persecutorio de la industria discográfica está condenado al fracaso, mal que les pese a los principales afectados por estos cambios en hábitos y valores. En su lugar, la industria deberá transformarse, resignándose a que la venta la música en sí misma deje de ser tan relevante para potenciar otras fuentes de ingresos como recitales o merchandising.


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