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Baño de realidad I

Esta semana dos anuncios realizados por Apple ponen en evidencia que el ingreso de la empresa de la manzanita al mundo de las telecomunicaciones no es tan fácil como creían, y que si pensaban comerse a los chicos crudos, será mejor que pongan a hervir el agua, porque la carne está muy dura para dientes tan tiernos.

 

Causó bastante revuelo el anuncio de la rebaja de US$ 200 sobre el precio del recientemente lanzado iPhone, equivalente a 1/3 del monto original al momento de su lanzamiento, apenas dos meses atrás. No es fácil recordar un producto que haya bajado tan drásticamente de precio tan poco tiempo después de haber visto la luz en el mercado. Por lo menos no en el caso de un producto exitoso. Si algo se vende tan bien, ¿porqué resignar ingresos si hay demanda? Algo huele mal en Dinamarca...

 

La medida es una evidencia de que el negocio de las telecomunicaciones no es igual al de las computadoras o de los reproductores personales, donde Apple sí pudo mantener su burbuja de precio. Esto confirmaría lo mencionado tiempo atrás [ver comentario "Que no se pudra la manzana", publicado en abril último], que la apuesta de Apple era riesgosa porque, a diferencia de sus éxitos anteriores, con el iPhone no estaba ingresando en un mercado en etapa embrionaria sino en uno bien maduro y con competidores de peso.

 

Quizás por preferir apostar a algo más seguro, esta semana anunció el iPod Touch, que en realidad no es otra cosa que un iPhone sin teléfono. Este lanzamiento es un reconocimiento de que el concepto del iPhone es más que interesante, pero que su fuerte está en su capacidad de reproductor multimedia y dispositivo de acceso móvil a Internet y no en sus condiciones de celular. Y que su mercado más relevante es el público joven, para quien la diferencia entre US$ 299 (precio del iPod Touch) y US$ 599 (precio del iPhone al que hay que sumarle el servicio de AT&T) es la diferencia entre vender y no vender. Adicionalmente, el iPod Touch deja la relación con sus clientes enteramente en las manos de Apple y no de un operador de telecomunicaciones, lo que le ha costado no pocos dolores de cabeza (y muchos intentos de desbloqueo del iPhone para dar libertad de elección). O dicho de otra forma, zapatero a tus zapatos. O, como le gusta decir a los estadounidenses (americanos somos todos), back to basics.


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