Viernes, 31 de Agosto de 2007 15:15
Hay ciertas situaciones que indican que sería más conveniente que a algunos funcionarios públicos se les pagara por quedarse en su casa y no trabajar, porque es más el daño que generan ejerciendo su rol que no haciéndolo.
Esto viene a cuenta por el reclamo que está llevando adelante CABASE por la irracionalidad de los tributos que cobra (o mejor dicho, pretende cobrar, porque la medida está apelada en la justicia) el gobierno de la ciudad de Buenos Aires por la instalación de antenas para el acceso inalámbrico a Internet. Dicho tributo es de $ 13.000 (más de US$ 4.000) por antena al momento de la instalación más un canon trimestral $ 5.149 trimestrales (más de US$ 1.600). Lo absurdo y ridículo de estos montos es que no se aplican sólo a las antenas de los nodos de los proveedores, sino también a aquellas situadas en las instalaciones de cada cliente. En otras palabras, el costo tributario por cliente es anualmente de $ 20.596 (US$ 6.400), a lo que hay que sumarle el costo del servicio en sí mismo. Con estos valores, está claro que equivale a prohibir el acceso a Internet inalámbrico.
Más paradójica y absurda es la situación si además después hay que escuchar proyectos que hablan de la ciudad digital, cubierta por un manto de antenas dando acceso a Internet a la población de la ciudad.
En fin, todo esto es tan ridículo que no merece más argumentaciones sino un pedido a las autoridades responsables del tema para que, de una vez, corrijan este absurdo.
Pensándolo bien, en situaciones como ésta se llega a la conclusión de que los ñoquis no son tan malos....