Viernes, 10 de Agosto de 2007 15:14
Esta semana culminó un largo proceso de despedida de Impsat quien pasó a ser ahora Global Crossing, no sólo en la propiedad (que ya lo era) sino también en el nombre. Termina así definitivamente el sueño de la multinacional argentina de las telecomunicaciones, sueño que se convirtió en pesadilla para sus dueños fundadores cuando, en plena efervescencia del boom tecnológico de los años 90 quiso crecer más rápido de lo que podía. Más tarde, la combinación del estallido de burbuja tecnológica y crisis económico-institucional en Argentina resultó ser un uno-dos demasiado contundente como para salir indemne.
Más allá de la herida narcisista que la desaparición de Impsat como nombre pueda producir en algunos, ciertamente no debería ser una mala noticia para sus clientes y empleados, quienes ahora forman parte de una organización mucho mayor de alcance global, con todo lo que ello significa. Y será interesante observar como sus nuevas espaldas influyen en la competencia con otros operadores en Argentina y en la región.