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De chiquilín te miraba de afuera

Distinto es el caso de los demás actores de uno y otro mercado (cable y telecomunicaciones) que quedan casi "naturalmente" en distintas veredas, si bien sus intereses y posibilidades son claramente distintas a las de los grandes grupos mencionados.

 

Las empresas de telecomunicaciones entrantes (aquellas que ingresaron al mercado en competencia, sin heredar ni redes ni clientes) sufren la prohibición de dar servicios de TV sin comerla ni beberla. Al igual que los cables, dan sus servicios en competencia, montando sus redes desde cero, sin ningún tipo de reserva de mercado ni protección alguna. Sin embargo, por un capricho regulador, se les prohíbe transmitir TV por sus redes. Sería bueno que desde el gobierno alguien explique el porqué de esta decisión, a todas luces injusta. Sobre todo cuando las empresas que dan servicios de TV sí están autorizadas a dar servicios de telecomunicaciones.

 

En el caso de las pequeños operadores de TV por cable, su problema no es tanto regulatorio sino principalmente de negocios. Nadie duda del rol que jugaron ampliando la variedad de contenidos para televisión en lugares donde, a veces en el mejor de los casos, apenas podía llegar una señal de TV por aire. Pero está claro que en la medida que el negocio se hace más sofisticado, con digitalización de la TV y agregado de servicios de telecomunicaciones (banda ancha y telefonía), las escalas empiezan a hacerse sentir cada vez con mayor intensidad. Desde el punto de vista de los costos, no es lo mismo operar en una localidad chica, de casas bajas y casi sin departamentos, donde en una manzana cubierta por una red de cable se puede tener un potencial de 40 hogares, frente a lo que sucede en una gran ciudad, donde una manzana puede tener hasta 1.000 hogares. Y estas escalas no impactan sólo en la infraestructura, sino que también se hacen sentir a la hora de negociar el valor de compra de las distintas señales que retransmiten. En estas condiciones, difícilmente otra empresa de TV paga se anime a competirles, salvo que pueda hacerlo en forma inalámbrica o que ya tenga una red que cubra las mismas localidades, como puede ser el caso de empresas telefónicas. Pero aún en éste último caso, por las razones técnicas mencionadas en el comentario anterior, habría que ver en qué medida las telefónicas justificarían la inversión necesaria para intentar "robar" unos pocos clientes.


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